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Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina romance Capítulo 588

La ciudad de Maristela estaba en pleno apogeo. El tráfico era un caos, los cláxones sonaban a lo lejos y el sol se colaba entre los edificios altos. Beatriz iba sentada en el asiento del copiloto, apoyando la mejilla en la mano mientras miraba a Rubén, el conductor. La sonrisa no se le borraba de los labios, como si el simple hecho de verlo manejar fuera suficiente para alegrarle el día.

No era cosa de todos los días ver a Rubén conduciendo su propio carro.

Sus ojos claros, casi como si tuvieran una gota de agua en el fondo, lo miraban sin disimulo. —¿Por qué me ves así? —preguntó Rubén, sin apartar la vista del camino.

—Es que casi nunca te veo manejando —contestó Beatriz, divertida—. Me parece curioso.

Rubén soltó una risa baja, divertida, al escucharla. —Si te gusta, entonces a partir de hoy te llevo y te traigo todos los días como tu chofer.

—¿Y yo cómo voy a dejar que el señor Tamez sea mi chofer? —le respondió Beatriz, exagerando la formalidad.

Pero en cuanto mencionó “señor Tamez”, la buena vibra de Rubén se desinfló un poco. Soltó el volante con una mano y tomó la de Beatriz, apretándola suavemente. —¿Otra vez con tus bromas? Anda, dilo bien.

Beatriz no pudo evitar reír, los ojos se le hacían chiquitos de tanto sonreír. —Está bien, entonces a partir de hoy tú me llevas a todos lados.

El carro negro, un Mercedes, avanzaba despacio entre la multitud de vehículos. Nadie podía apurarse en ese embotellamiento, así que Rubén aprovechó para platicar con ella. —¿Habías venido antes a Maristela?

—Antes sí, venía seguido. Pero ya tiene rato que no paso por aquí.

Cuando sus padres estaban vivos, tenían negocios en la ciudad. Cada vez que venían por trabajo, la traían con ellos. Pero desde que ellos faltaron, ya no era la misma niña despreocupada de antes.

Rubén volteó a verla de reojo, notando cómo se le nublaba la mirada por los recuerdos. Le apretó la mano con delicadeza, como si así pudiera espantarle las tristezas. —Esta ciudad cambia cada seis meses. Un día de estos te llevo a recorrerla bien.

—Me encantaría —respondió ella, con un hilo de nostalgia en la voz.

Rubén siguió la conversación, curioso. —¿Y no te preocupa dejar Solsepia así de pronto?

—Claro que me preocupa, pero ahora mismo me preocupas más tú.

Rubén le llevó la mano a los labios y le dio un beso suave. —Tenerte como esposa es la mejor suerte que me pudo tocar.

Capítulo 588 1

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