No fue en vano el cariño, de verdad no lo fue.
Cuando Rubén sintió que ella se movía, la cobija se deslizó por su hombro. Él extendió la mano y la acomodó para cubrirla bien.
—Esto es lo mínimo que debe hacer una familia.
—Tú sí que tienes estándares altos —le respondió Beatriz con una risita cansada—. Mírame a mí, luego mira a Carlota… con que no nos estemos peleando ya es ganancia.
Beatriz forcejeó para sentarse y alargó la mano hasta el buró, buscando su celular.
Apenas encendió la pantalla, vio que tenía mensajes en WhatsApp.
Rubén apoyó la mano en su cintura, acariciando despacio.
—¿Cómo va todo en la empresa? ¿Quieres que te ayude a buscar un gerente profesional?
Beatriz lo miró de reojo, con el celular en la mano.
—¿Ya tienes a alguien en mente?
—Sí, hace tiempo que lo estoy buscando para ti —le confesó con voz tranquila. Desde Toronto, él había estado atento a ese tipo de talentos. Era claro que Beatriz recuperaría el Grupo Mariscal, pero era imposible que pudiera encargarse de todo sola. En ese entonces, la relación entre los dos era un poco distante, apenas se estaban acostumbrando el uno al otro, así que él solo podía prepararse por si acaso.
Beatriz sintió un ligero estremecimiento en el pecho.
—¿Desde cuándo empezaste a buscar?
—Desde Toronto.
—¿Tan precavido? ¿Por qué no me dijiste nada?
—No estaba seguro de cómo lo tomarías. Tenía miedo de herir tu orgullo, así que preferí no tocar el tema.
A veces, Beatriz pensaba que era una afortunada.
Ya fuera por Rubén, o por los pequeños, incluso Valeria y Liam, cada uno tenía un papel fundamental en su vida.
No estaba sola en la batalla.
Tampoco se encontraba desamparada.
Había tenido mucha suerte: Ezequiel, antes de irse, le dejó un fideicomiso que evitó que cayera en la pobreza.
Después, al casarse con Rubén, él siempre estaba atento, pendiente de cada detalle.
Incluso cuando quería ayudar, lo pensaba mucho para no incomodarla.
¡Qué suerte la suya!
Beatriz apretó los labios, conmovida, y con un susurro entrecortado le dijo:
—Gracias.
—Ay, manita, soy tu esposo, es lo que me toca.
—Ya no llores, ¿sí? Mira que si sigues así, me vas a partir el corazón.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina