Entrar Via

Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina romance Capítulo 614

A punto de desatarse una tormenta.

Antes de que Regina pudiera explotar, Beatriz asintió ligeramente.

—Preséntalos.

La asistente ignoró la mirada asesina de Regina y, con el valor que le quedaba, empezó a hablar.

—El director de ventas, Gaspar, y la secretaria, Iris. Ambos han trabajado en empresas internacionales reconocidas en el extranjero, en los mismos cargos. Se graduaron de universidades prestigiosas y tienen buenas referencias.

Beatriz intercambió unas cuantas palabras cordiales con ellos, manteniendo las formalidades.

—Liam, llévate a todos para que conozcan la empresa.

Antes de salir, Liam lanzó una mirada recelosa hacia Regina.

Beatriz apenas inclinó la cabeza, indicándole que se fuera.

En cuanto la puerta de la oficina se cerró, Regina ya no pudo contenerse.

Se volteó de golpe y le soltó una bofetada a la asistente.

—El señor Pedraza ni siquiera se ha ido y ustedes ya están metiendo gente nueva.

La asistente se sostuvo la mejilla, con los ojos enrojecidos, sorprendida por el golpe.

Beatriz, mientras tanto, giraba despreocupada su pluma entre los dedos, mirando la escena como si estuviera viendo una telenovela.

Y todavía le echó más leña al fuego.

—Señora Gómez, el trabajo es trabajo. ¿Por qué la agresión? Vivimos en un país de leyes, ¿o aquí ya no hay derechos humanos?

Regina, fuera de sí, se dio cuenta del escándalo que estaba armando. Respiró hondo, apretó los dientes y habló con dificultad.

—Lo siento. Puedo pagar una compensación.

Beatriz le respondió con una sonrisa amplia y una voz cargada de satisfacción.

—En ese caso, tengo cosas que hacer. Señora Gómez, le sugiero que salga a resolver esto.

Apenas la puerta se cerró, Beatriz tomó su celular y marcó un número. Su mensaje fue directo y sin rodeos.

—No me importa cómo le hagas, pero dile al asistente de recursos humanos que le llame a la policía.

...

En el elevador, la asistente bajaba cubriéndose la cara, los ojos aún húmedos.

Daniela la miró con atención.

—Apenas saliste de la universidad, ¿verdad? Cuando uno es joven, le da miedo todo. Pero la dignidad es lo único que tienes. Si dejas pasar esta cachetada, va a seguirte como una sombra el resto de tu vida. ¿De verdad quieres vivir así?

—¿Y si llamo a la policía? Ella es mi jefa. ¿Sabes lo difícil que es conseguir trabajo? Si me despiden por esto, ¿qué hago después? ¿Arruino mi vida por esto?

Daniela suspiró, resignada.

—Si yo fuera tú, sí llamaría a la policía. Aquí los jefes están en plena guerra interna y cada quien tiene su bando. Si denuncias, seguro alguien del otro lado te apoya. ¿De qué tienes miedo?

—Al final, para que todo quede tranquilo, seguro hasta te dan una buena lana, suficiente para vivir tranquila un buen rato.

La asistente se quedó en silencio.

Faltaba poco para que el ascensor llegara a su destino. Daniela acomodó el moño de su camisa y soltó, como si nada.

—Haz lo que quieras. Al final, todo esto de aguantar viene del interés. ¿Y el interés qué es? Dinero.

Daniela salió, y las puertas se cerraron lentamente.

La asistente, apoyada contra la pared del ascensor, solo podía pensar en esa frase: “Aguantar y aguantar, ¿no es por interés? ¿Y el interés, no es solo dinero?”

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina