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Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina romance Capítulo 623

—¿Acaso la vida permite los “y si”? Eso del “y si” es puro invento de gente como ustedes, que no acepta la realidad y se la pasa imaginando escenarios que nunca van a suceder.

—La familia Mariscal ya quedó hecha pedazos, destruida por completo. Unos ya ni están, otros quedaron destrozados. ¿Qué más quieres de mí? Lárgate. Váyanse todos. No vuelvan a aparecerse por aquí.

La anciana lanzó un grito furioso, con el rostro desfigurado por la rabia. Al ver que Beatriz ni se inmutaba, incluso amagó con tomar el vaso de la mesita de noche para arrojárselo.

Liam avanzó de inmediato y se interpuso delante de Beatriz, su mirada filosa.

—¡Atrévase a lanzarlo y vea lo que pasa!

La anciana se quedó congelada ante su actitud amenazante, incapaz de moverse. Pero no cedió: señaló a Beatriz con el dedo tembloroso y escupió las palabras.

—Beatriz, tanto tú como el perro que criaste no son más que basura incapaz de aceptar la realidad. Basura, eso son.

—¿Nosotros somos basura? ¿Y usted qué es? Usted ni siquiera llega a eso.

—Se quedó de brazos cruzados viendo cómo sus propios hijos se despedazaban entre sí, esperando sacar ventaja. Si tiene tanto valor, prepárese para recibir la notificación del juzgado. Encubrir crímenes también es delito, ¿no dice usted que yo no dejo títere con cabeza? Pues quiero que vea lo que es de verdad arrasar con todo.

Beatriz, al borde del límite, se acercó dos pasos y se detuvo junto a la cama de la anciana, mirándola desde arriba.

Su mirada, afilada como un puñal, no perdió ni un gramo de dureza.

—Toda su vida se creyó superior. Ahora, cuando ya está a punto de irse, que todo el mundo se entere de lo que hizo será el peor castigo que pueda recibir. Quiero ver cómo la desprecian sus viejos amigos y colegas cuando sepan quién es en realidad, cómo la critican y la ponen de ejemplo de lo que no se debe hacer.

—La vida es muy larga. ¿Quién le garantiza a usted que va a reír al final?

—¡Beatriz, eres una víbora! —la anciana chilló, mostrando los dientes en una mueca retorcida.

—No tanto como usted.

¿Dónde quedó aquella presencia imponente de cuando la conoció?

Meses atrás, esa misma anciana caminaba por el jardín de un asilo de lujo, luciendo elegante con su vestido típico.

Ahora, apenas si le quedaba aliento para mantenerse viva.

Y justo por eso, la rabia de Beatriz crecía: deseaba verla caer, que por fin muriera.

Ese era el destino que ella había elegido.

Desde el momento en que encubrió a Lucas, permitiendo que dañara a sus propios padres, lo suyo estaba decidido.

...

En el estacionamiento del hospital.

Capítulo 623 1

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