Si eso se supiera, ¿qué sería de la reputación de la familia Tamez?
Beatriz se sonrojó, un poco avergonzada.
Cuando bajaron, Luna acababa de regresar del jardín. Llevaba en la mano un ramo de flores envuelto en papel estraza; era sencillo, pero rebosaba vida.
El tono azul violáceo le daba un aire extrañamente noble.
—¡Bea, ya te levantaste! Ten…
Luna le entregó las flores a Beatriz.
A su lado, su segunda cuñada, Matilde Tamez, comentó:
—Mi suegra fue a cortarlas esta mañana. Y hasta me obligó a que le diera mi opinión para asegurarse de que estaban lo suficientemente bonitas para dártelas.
La señora Luna la miró de reojo.
Matilde le guiñó un ojo a Beatriz y la tomó del brazo, que Rubén sostenía, para llevársela.
Se dirigieron al comedor.
Mientras caminaban, le contaba las cosas graciosas que Joaquín le había dicho.
Hacía tiempo que sentía curiosidad por esta Beatriz.
Aunque todavía no habían convivido formalmente, solo de oír hablar de ella, le parecía una persona muy agradable.
Al principio, Beatriz conversaba con ella con atención.
Hasta que Matilde cambió de tema.
—*Quino* dice que tienes un guardaespaldas muy peculiar. Dice que hace poco lo hiciste enojar y lo pusiste a cavar hoyos por todo el patio.
—Y que mientras cavaba, se puso a hacer trampas…
—También me contó que Liam le llevó una serpiente a Vanesa para que jugara, y toda la familia sabe que ella les tiene pánico.
Beatriz pensó: «¡Rayos! ¿Ahora me va a contar que Joaquín se cayó en un hoyo?».
Se quedó sin palabras e intentó explicar:
—Liam, en realidad…
—Un día de estos, cuando vuelvas, tráetelo. Siento que ese tal Liam podría ayudarnos a controlar a estos pequeños demonios.
Antes, era Rubén quien tenía esa habilidad.
Las cosas que nadie más en la familia se atrevía a hacer, Rubén las hacía. Y si tenía que pegarles, lo hacía de verdad.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina