—¡Rápido, rápido! Hay una toma de rehenes en el restaurante de carnes de enfrente.
—¿Están locos? ¿En qué mundo vivimos para que alguien se atreva a hacer algo así justo frente a la estación de policía?
—¡Vámonos!
Cristian acababa de entrar después de comer cuando un colega lo jaló hacia la puerta.
Al llegar apurado al lugar, se abrió paso entre la multitud para ver la situación y se estremeció de golpe.
Esa no era…
—¿No es Beatriz? Vaya que el destino insiste en juntarnos, ¿no? —comentó con sorna el colega que llevaba con él el caso de Lucas.
Cristian no le siguió la corriente.
Su mirada se clavó en la muñeca que sujetaba el cuello de Beatriz.
Probablemente se había recogido el cabello porque estaba comiendo carne asada.
Ahora, sometida, unos mechones desordenados le caían sobre la cara.
Aterrizaban sobre la parrilla caliente, soltando un siseo.
Se veía tan vulnerable.
Ni de lejos se parecía a la mujer altiva que había visto horas antes en la cima del Grupo Mariscal.
***
Cuando Andrés y Vanesa entraron, se quedaron paralizados del susto.
Andrés, al reaccionar, marcó el número de Rubén casi al instante…
***
—¿No la siguen siempre dos guardaespaldas? ¿Cómo es que la atraparon?
—¿Qué clase de guardaespaldas son si no tienen ni un poco de instinto de alerta?
El parloteo de su colega resonaba en sus oídos. Cristian lo miró con fastidio.
—Por qué no lo dices más fuerte, a ver si te oyen.
El colega se tragó sus palabras ante el comentario mordaz.
No se atrevió a decir nada más.
—¿Tengo alguna necesidad de hacerlo?
—Señor Pedraza, no olvide que su hija todavía trabaja en la empresa. Si de verdad quisiera perjudicarlo, la habría despedido a ella también, pero no lo hice.
—Comparada contigo, ¿no crees que tenía más motivos para despedir a la señorita Pedraza, que se enfrentó a mí desde el principio?
—Entonces, ¿por qué hiciste que no pudiera encontrar trabajo?
—Yo nunca he hecho algo así.
«Incluso si lo hubiera hecho, no podría admitirlo ahora».
Su vida valía más que la de un desesperado como Nicolás.
Este breve intercambio de palabras sembró la duda en la mente de Nicolás.
Tal como Beatriz decía, si realmente quisiera atacarlo, habría despedido a toda la familia Pedraza, pero no lo hizo.
—Señor Pedraza, al armar este escándalo en un lugar público, ¿no piensa en usted, ni tampoco en la señorita Pedraza?
***

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