—Claro que tengo un interés personal. Sin él, ¿cómo habría podido estar al lado de la señorita durante tantos años?
Ireneo lo atacó sin tregua.
—Dime, ¿qué esposo podría tolerar que al lado de su mujer haya un hombre con un interés personal? Además, tú y Beatriz entran y salen juntos todos los días. Dices que Rubén es controlador, pero si de verdad lo fuera, lo primero que habría hecho sería reemplazarte.
Ireneo levantó una mano, deteniendo las palabras que Liam estaba a punto de decir.
—No tiene sentido que discutamos esto.
—¿Así nada más? ¿Quién te crees para dar el veredicto final? ¿Acaso un interés personal tiene que ser romántico? ¿No puede ser cariño familiar?
—Recuerda esto: cada quien a lo suyo. Las relaciones personales son como el trabajo, cada uno debe permanecer en su puesto. Si todos nos aferráramos a nuestras propias ideas y puntos de vista, este mundo sería un caos.
—Tú intervienes por un impulso momentáneo, ¿y luego qué? El problema lo tienen que resolver ellos dos, a puerta cerrada.
***
La discusión en la sala apenas había terminado cuando sonó el teléfono de Ireneo.
Era Alberto.
—Señor Urbina, la policía ya detuvo a Nicolás. Sobre la señora…
—Contacta al señor Tamez.
Alberto vaciló.
—Ya lo intenté, pero el señor Tamez no contesta el teléfono.
Ireneo suspiró, sosteniendo el celular. «Sería un milagro que contestara», pensó.
Seguramente arriba se estaba librando otra batalla.
—Regresa por ahora.
—Mañana, cuando amanezca, vemos este asunto.
Ireneo colgó y su mirada se posó en Liam. Vio cómo este soltaba una risa fría, se daba la vuelta y murmuraba al irse:
—Resolver un carajo.
***


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