—No niego que has sido bueno conmigo, que me has querido y me has enseñado a crecer, pero todo eso viene acompañado de tu necesidad de controlarlo todo. Quisieras tenerme bajo la lupa a cada segundo. En cuanto aparece alguien a mi alrededor que te dificulta controlarme, haces lo imposible por quitármelo de en medio.
—Quieres saber a dónde fui, qué hice, a quién vi… ¡Hasta te metes en si llego tarde a casa por la noche!
—Le pedí a Valeria que te avisara, y aun así te molestó. Te enojaste e incluso usas el pretexto de que es por mi bien para presionarme sin decir una palabra.
—Rubén, ¿tú qué quieres, una esposa o una marioneta que solo sepa obedecerte?
—Dices que me apoyas en todo, pero ¿por qué no lo haces hasta el final? ¿Por qué tenías que meterte y ser un entrometido justo cuando estaba a punto de cerrar el caso?
Los gritos desgarradores de Beatriz hicieron que el aire de la habitación se sintiera pesado y opresivo.
El pecho de Rubén subía y bajaba con agitación, y la mirada que le dirigió a Beatriz ardía de furia.
—¿Crees que soy un entrometido?
—¿Acaso no lo eres? —le espetó ella, furiosa.
—Bien, muy bien —dijo Rubén, tan enojado que se levantó de la cama y se plantó frente a ella, imitando su tono para enumerar las faltas de ella—. ¿Que yo soy el entrometido o que tú llevas demasiado tiempo enredada en este asunto? Desde que nos casamos, solo tienes ojos y mente para ellos. Después de encargarte de Ismael, seguía Lucas. A esta casa, y a mí de paso, nos tienes relegados. Nos das un poco de atención de vez en cuando, como si yo fuera un gato que tienes encerrado. Total, está en casa, no se va a escapar, tiene comida y agua, y tú vuelves todos los días. Y lo más terrible es que a eso le llamas amor.
—Incluso cuando fuimos a Maristela, no dejabas de apurarme para que volviéramos rápido.
—¿Dices que soy un entrometido? ¡Ni siéndolo me prestas un poco más de atención! Si no me metiera, ¿acaso me harías caso en algo? Lo de Carlota, lo has estado posponiendo una y otra vez. Deberías haber cerrado el caso en cuanto Regina entró a la cárcel. La auditoría ya había encontrado problemas, ¿por qué no acabaste con todos de una vez?
—¿Por qué alargar tanto las cosas? ¿Por qué seguir perdiendo el tiempo? ¿Por qué esperar a que Ismael volviera para resolverlo juntos?
Pero Rubén lo sabía.
Al oír su pregunta, Rubén guardó silencio por un momento, luego soltó una risa fría. Agarró el celular de la mesita de noche, abrió la galería y le mostró unas capturas de pantalla.
—¿Necesito mandar a que te sigan?
—Beatriz, es verdad que no soy ninguna buena persona. Como dices, me gusta tener el control. Pero a pesar de esa supuesta necesidad mía de controlarlo todo, ni así he logrado que te centres en nosotros. ¿No te parece que también he fracasado?
—Tu cabeza solo piensa en Regina, en Carlota, e incluso ese bueno para nada de Ismael tiene un lugar en tu corazón. Te enojas conmigo por acelerar las cosas que tienen que ver con ellos, pero nunca te ha importado lo que yo pienso del asunto, o si puedo seguir esperando. Ni siquiera te importa a qué lugares voy por trabajo, con quién me reúno, o si llego a casa con el perfume de otra mujer impregnado en la ropa.
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina