—¡¡¡¡Cállate!!!! —gritó Carlota, agarrando un palo de golf que estaba junto a la puerta para golpear a Beatriz.
Pero ella se lo arrebató de un movimiento y lo arrojó lejos.
—¿Por qué debería callarme? Le fuiste infiel, te acostabas con otro mientras salías con Ismael, y cuando quedaste embarazada, quisiste que él se hiciera cargo. Por eso ocurrió el secuestro de Ismael y yo, por casualidad, terminé siendo la heroína. No contabas con que yo aparecería y arruinaría tu plan, y mucho menos que esos secuestradores me romperían la pierna, o que yo obligaría a Ismael a casarse conmigo.
—¿No quieres saber por qué de repente le exigí a Ismael que se casara conmigo?
¡Carlota estaba en shock!
Su espalda, pegada a la puerta, temblaba violentamente.
Todo su cuerpo se estremecía.
—¿Lo sabías? ¿Desde el principio sabías de mi plan? ¿Por eso fingiste ser la salvadora de Ismael para que se casara contigo? En realidad no querías casarte con él, no lo amabas. De hecho, lo detestabas porque tenía algo que ver conmigo, pero para arruinar mi plan, ¿estuviste dispuesta a casarte con un hombre que no amabas?
Beatriz se rio, una risa estridente que resonó en el pasillo.
Era como el grito de un fantasma en la medianoche.
—¡Sí, así es! Solo quería ver qué harías si Ismael no se casaba contigo. Si abortarías o si tendrías al niño a escondidas. Quería verte con mis propios ojos caminar hacia el abismo. Desde pequeña soñabas con casarte con él, Regina te metió en la cabeza desde niña que serías la futura señora de la familia Zamudio. Solo quería ver qué pasaría cuando los esfuerzos de décadas se derrumbaran en un instante.
—Ustedes querían salirse con la suya, y yo me encargué de que sus esperanzas se hicieran añicos, de que se llevaran la mayor decepción.
¿Y qué pasó al final?
Ismael se casó con ella.
—Aparentemente, te fuiste al extranjero con el corazón roto, pero en realidad, ¿qué estabas haciendo? Fuiste a dar a luz, y ni siquiera supiste quién era el padre hasta después de que nació. ¡Qué grandiosa eres! Dejaste al bebé en la puerta de su casa y, en cuanto recuperaste la figura, volviste al país sin perder tiempo.
—Carlota, ¿Ismael sabe todo esto?
La voz de Beatriz era como la de un demonio susurrándole al oído a Carlota.



VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina