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Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina romance Capítulo 777

Rubén estaba realmente enfermo.

Llevaba más de diez días sin parar, y encima se había apresurado a volver a casa. Una conferencia internacional ya es agotadora de por sí, con reuniones todo el día y lluvias de ideas por la noche; cualquiera que haya pasado por eso sabe la intensidad que supone.

Al llegar, en lugar de descansar y adaptarse al horario, fue directo a buscar a Beatriz. La mezcla de cansancio y enojo lo había tumbado.

Y para colmo, se lo llevaron en ambulancia justo desde Capital Futuro.

Ireneo tenía que asegurarse de que no se muriera y, al mismo tiempo, adelantarse a los reporteros para vender la imagen de un jefe dedicado y trabajador. Temía que la competencia se adelantara y hundiera las acciones de Capital Futuro con algún chisme sucio.

El hombre que acababa de brillar en la cumbre de Suiza ni siquiera había tenido tiempo de disfrutar de su éxito.

Ahora tenía que preocuparse por controlar la opinión pública.

Ireneo se sentía fatal.

Realmente fatal.

—Yo no soy doctora, ¿para qué me busca a mí?

—¡Porque eres su esposa!

—Beatriz, una cosa es pelear entre pareja y otra muy distinta es desearle la muerte al otro, ¿no crees?

—Señor Urbina, si tiene tanta prisa, ¿por qué no va usted mismo a cuidarlo al hospital?

—¿Cómo no voy a tener prisa? —exclamó Ireneo, subiendo el tono—. ¡Imagínate la frustración de que tu jefe se robe tu proyecto y se lleve todo el crédito! ¡Así me siento yo! Con Rubén vivo, soy su burro de carga. ¡Si se muere, ni a burro llego!

—¡Por favor! Llevan tanto tiempo casados, ¿de verdad no pueden hablar las cosas como gente civilizada? No ha cometido ningún error imperdonable. Son defectos de su carácter que no ha cambiado en décadas, ¿y esperas que se corrija en unos pocos años de matrimonio? ¡Eso es una tontería! —se quejó Ireneo, apurado.

Realmente no le veía el sentido.

¡Ya estaban casados!

La vida es larga, ¿qué problema no se puede resolver hablando?

Tenían que llegar a estos extremos.

Y añadió:

—Ven para acá de inmediato. En un rato llegarán Mohamed y los demás, y si no estás, esto dejará de ser un problema de pareja para convertirse en un asunto que tendrán que resolver ambas familias sentadas a la misma mesa.

—¿Me está amenazando?

Se sentía asfixiada, realmente asfixiada.

Tomó su bolsa y salió. Justo en ese momento, Iris iba a entrar y casi chocan.

—¿Ya se va, señorita Mariscal? Gaspar me dijo que venía de regreso y que tenía algo urgente que informarle.

—¿Quiere que espere?

Iris asintió.

—Que me llame más tarde. Tengo algo urgente que hacer y debo irme.

Iris dijo que estaba bien y se adelantó para llamar al elevador.

Cuando Beatriz llegó al hospital, se encontró en la entrada con Mohamed y los demás.

En cuanto Vanesa la vio, corrió a abrazarla y le dijo con voz melosa:

—Tía.

***

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