Rubén le contó a Beatriz a grandes rasgos lo que había estado pasando últimamente con la familia Tamez.
Le habló sobre los rumores que corrían en Maristela acerca del patriarca y de la crisis empresarial que Mohamed estaba atravesando en ese momento.
También mencionó la enorme red de intereses que se movía detrás de Capital Futuro.
Si se pusiera a dar detalles, probablemente no terminaría ni en tres días con sus noches.
Pero ese día, Rubén logró explicarle la situación principal con palabras claras y concisas.
—O sea —entendió Beatriz—, que es posible que Esteban quisiera causarte problemas, colgarte el San Benito de asesino, pero como es muy difícil acercarse a ti y el tiempo apremiaba, ¿decidió conformarse conmigo, que era una opción más fácil?
—Así es.
«De lo perdido, lo que aparezca», pensó. Siempre sería mejor que quedarse con las manos vacías.
Beatriz, con aire lánguido, revolvía con el tenedor la pasta al burro que tenía en el plato.
—¿Tan fácil de intimidar parezco?
Sin esperar la respuesta de Rubén, volvió a preguntar:
—Ya que Esteban murió, seguro que no van a dejar pasar una oportunidad como esta, ¿no? ¿Ha salido alguna noticia?
Mientras hablaba, dejó los cubiertos y tomó su celular para revisar las noticias. Al abrir la aplicación, vio que el titular principal seguía siendo el del hijo secreto de una celebridad, un escándalo que llevaba una semana en boca de todos y no bajaba de las tendencias. Ya no era ninguna novedad.
Beatriz no se lo creía. Si fuera ella, ¿no estaría invirtiendo una fortuna en avivar el fuego?
—¿No hay nada? ¿O tú te encargaste de que lo bajaran?
El señor Tamez levantó su vaso y bebió un sorbo de agua, meditando cómo responder a la pregunta de Beatriz.
Beatriz lo observaba con la barbilla apoyada en la mano. La manga de su suéter de punto se deslizó por su muñeca delgada y pálida. Parpadeó, mirándolo con sus ojos límpidos y una actitud coqueta.
—Ah, ¿un trago táctico para ganar tiempo?
»Tampoco es que yo sea una persona que no aguanta la presión. No es más que una estrategia de negocios, ¿no?
Tenía razón, no era tan frágil.
Pero para Rubén, no se trataba de si era frágil o no.
La pluma de los reporteros de espectáculos era demasiado amarillista, nada que ver con los medios de Solsepia.
Algunas de esas noticias te hacían sangrar los ojos.
—De acuerdo.
—Te llamo más tarde.
Beatriz colgó y fijó la mirada en Rubén. Quería decir algo, pero sospechaba que él no le contaría fácilmente lo que sabía. Decidió buscar a Vanesa.
Justo cuando se levantaba, Rubén la sujetó por la muñeca.
—¿A dónde vas?
—A buscar a Vanesa.
El señor Tamez suspiró con resignación.
—Siéntate, te lo contaré yo. Pero con una condición: puedes ver, pero no dejes que te afecte.
Beatriz asintió.
Rubén abrió WhatsApp, buscó una captura de pantalla de la noticia y se la mostró.
Beatriz solía escuchar a Vanesa quejarse de que la pluma de los reporteros de espectáculos de Maristela era extremadamente amarillista y vulgar, que los de Solsepia eran un juego de niños en comparación. Antes, Beatriz no le creía. Ahora sí.

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