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Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina romance Capítulo 815

La mano de Carlota, que ya se apoyaba en la silla para levantarse, se detuvo en seco. Tras unos segundos, volvió a sentarse lentamente.

Las voces continuaron detrás del biombo:

—¡Exacto! Y pensar que yo creía que era la mejor amiga de Carlota. Cuando todas nos burlábamos y la criticábamos, ella era la única que salía a defenderla. Y mira ahora…

—Por eso te digo. Ya somos adultas, ¿quién hace algo sin esperar nada a cambio?

—Esa Aurora parece un angelito inocente, ¿pero en realidad?

—La relación de Aurora y Carlota es como la de la antigua Carlota y Beatriz, ¿no? Todas son de la misma calaña, unas aprovechadas. Se podría decir que la rueda de la fortuna gira para todos.

Alguien se burló:

—Oigan, ¿no escucharon que Beatriz se volvió a casar? Y que su nuevo marido es alguien que está en la cima del poder.

—¿No será Ireneo Urbina?

—El poder de Ireneo no llega a tanto. Si hablamos de la cima, tendría que ser el señor Tamez de Capital Futuro.

Al oír el nombre «señor Tamez», el grupo guardó un silencio repentino. Rubén, el tercer hijo del pez gordo de Maristela, una figura del más alto nivel, no era alguien de quien simples mortales como ellos pudieran hablar a la ligera.

—¿No será un rumor? Si de verdad se casó con Rubén, ¿para qué tomarse la molestia de vengarse de forma tan elaborada? Podría haber acabado con Lucas con una sola palabra, ¿no?

—¿Y si simplemente disfruta el placer de destruir a sus enemigos lentamente?

—¿Se enteraron? Aunque Lucas está en la cárcel, le encargó a su abogado que dividiera sus bienes en tres partes: una para el Grupo Mariscal, otra para Carlota y la última para un hijo ilegítimo que tiene por ahí. Parece que al principio quería que Carlota se encargara de todo y lo dividiera en dos, pero como desconfiaba de ella y temía que no le diera ni un centavo al bastardo, metió a Beatriz en el asunto para que actuara de intermediaria.

En las altas esferas, los hijos ilegítimos eran más comunes que las piedras en el campo. ¿Qué hombre adinerado no tenía unos cuantos por ahí? ¿Quién no tenía hermanos secretos mantenidos en la sombra? Se burlarían de Carlota por su desgracia, pero no por tener que compartir la herencia con un bastardo. Porque nadie sabía si mañana le tocaría a ellos.

El grupo detrás del biombo se quedó en silencio. Carlota soltó una risa burlona. No tenía ganas de discutir. Agarró su bolso y se fue.

Pero, para su sorpresa, al llegar al ascensor, vio a Aurora bajando de un carro. Llevaba una minifalda de Miu Miu que le daba un aire dulce e inocente, y su cabello, teñido de un nuevo color, hacía que su piel pareciera aún más pálida.

Al ver a Carlota, el rostro de Aurora mostró un instante de pánico, pero se recompuso en cuestión de segundos. Se acercó a ella con una sonrisa y la saludó con una voz suave y zalamera:

—Lottie.

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