Entrar Via

Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina romance Capítulo 817

En cuanto Carlota se fue, Aurora sintió como si le hubieran succionado toda la energía. Se apoyó en la pared, temiendo que, si no lo hacía, se desplomaría en el suelo.

¿Por qué? Carlota no había empezado a tener problemas hoy. ¿Por qué de repente se le ocurría pedirle dinero? ¿Por qué no lo había hecho antes?

—¿Aurora? ¿Qué haces aquí? ¿Por qué no subiste? ¡Te estábamos esperando!

El grupo que había estado tomando el té bajó y la encontró de pie junto a la pared, con la cabeza gacha, sumida en sus pensamientos. Les pareció extraño.

—Me encontré con Carlota y estuvimos hablando un poco.

—¿Ah, sí? ¡Vaya, Carlota también estaba en el edificio!

El lugar, ubicado dentro de un tranquilo complejo rodeado de imponentes árboles de alcanfor, tenía una sala de estar en la planta baja y una cafetería en la superior. Era un espacio sereno y en contacto con la naturaleza.

De repente, Aurora lo entendió todo. La frase de Carlota, «¿Con ellos?», se refería a ese grupo.

—¿Estuvieron hablando de Carlota allá arriba?

Los rostros de sus amigas mostraron un atisbo de evasión.

—No, para nada. ¿Por qué hablaríamos de ella?

—¿Ah, no? —Aurora sonrió débilmente. Si decían que no, era porque sí lo habían hecho.

—Vamos a hacernos un tratamiento para el cabello, ¿vienes?

—Vayan ustedes, yo tengo algo que hacer y ya me voy.

Si Carlota le exigía veinte millones, era porque ya sabía que la familia Ponce quería adquirir la empresa. De lo contrario, no se habría atrevido a pedírselo tan bruscamente.

***

En el invierno de Solsepia, el interior y el exterior eran dos mundos distintos. Dentro del centro comercial, la calefacción estaba a tope. Beatriz se quitó el abrigo nada más entrar, vestida con un suéter negro de cuello alto, y se dirigió a la estética del cuarto piso. Al llegar, Luciana le mostró el paquete que había elegido. Beatriz asintió.

Recostadas en los sillones de lavado, charlaban ociosamente sobre los chismes del estudio de Luciana. En público, ella rara vez hablaba de Rubén y Beatriz. Los medios de Solsepia eran muy dados al cotilleo y cualquier descuido podía convertirse en comidilla para los demás. No había necesidad de regalarles noticias.

De repente, Luciana recordó algo que había leído unos días antes.

—El otro día vi en las noticias que el prometido de Noelia tiene una amante. Y hasta un hijo con ella. ¿Sabías algo de eso?

Beatriz abrió lentamente los ojos y observó su reflejo en el techo.

—No le he puesto atención.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina