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Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina romance Capítulo 823

—¿A fuerza tengo que jugar ajedrez con ustedes?

En la sala, Rubén se acomodó los pantalones y se sentó a un lado.

Emilio, con la vista fija en el tablero, ni siquiera lo miró.

—¿Tu esposa ya no te quiere cerca y tú todavía insistes en ir tras ella?

—Ya estás grandecito, ¿no te das cuenta de las cosas?

—Pero pensándolo bien, tiene sentido. Esto es como si fueras a ser padre a una edad avanzada, ¿no? Es normal que te preocupes.

Rubén levantó el pie y le dio una patada en la pierna a Emilio.

Este último se sacudió el pantalón en silencio.

—¿Ahora no se puede decir la verdad? Cuando mi hermano y yo teníamos tu edad, nuestros hijos ya casi entraban a la primaria.

—Qué descaro. ¿Y se han puesto a pensar quién crio a esos niños?

¡Fui yo! ¡YO! ¡Este pobre idiota!

Casarse y tener hijos joven puede tener sus ventajas para los adultos, pero suele ser injusto para los niños. En aquellos años, ambos estaban de servicio en lugares remotos, y si tenían suerte, volvían a casa cada dos o tres meses. Si el trabajo era demasiado demandante, podían pasar medio año o hasta un año sin regresar. Los niños crecieron prácticamente sin padres.

—¿Cómo era? Recuerdo que cuando Joaquín tenía unos cinco o seis años, te vio y dijo que eras un secuestrador y que iba a llamar a la policía.

—¿Y eso es algo de lo que estar orgulloso?

Emilio se quedó sin palabras.

—¿Tienes que sacar a relucir trapos sucios del pasado?

—¿Acaso ser padre y no asumir esa responsabilidad es motivo de orgullo?

—Para eso estabas tú, ¿no?

—¿Y por qué tu dinero no es también mío, entonces?

Mohamed observaba cómo se lanzaban indirectas el uno al otro, sin la menor intención de intervenir. Temía quedar atrapado en el fuego cruzado.

***

Beatriz, después de ducharse, se sentó en la cama con las piernas cruzadas, secándose las puntas del cabello con una toalla.

Mientras escurría el cabello, la puerta se abrió.

Capítulo 823 1

Capítulo 823 2

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