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Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina romance Capítulo 848

El viento nocturno soplaba con un toque de frialdad, alborotando el cabello de Beatriz. Ella, con un gesto lento, se apartó los mechones rebeldes de la cara. Al levantar la vista, vio a Emilio en la puerta, observándola con una sonrisa de complicidad, como si disfrutara del espectáculo, sin dar un solo paso para intervenir.

Su actitud era de total indiferencia, como si le diera carta blanca para resolver la situación como quisiera.

Dafne, temblando de frío, logró salir del estanque y se aferró al borde. Emilio, al verla, le hizo un gesto de ánimo a Beatriz, se dio la vuelta y cerró la puerta principal.

La cerró.

Si Beatriz no entendía lo que eso significaba, sería una completa tonta.

Se ajustó el abrigo, respiró hondo y le dio una palmada en el hombro a Liam, señalando a Dafne.

—Dale una lección.

»Una que la haga temblar la próxima vez que me vea. Solo no la mates.

—No se preocupe, señorita, ¡soy un profesional en esto!

Beatriz, con el rostro impasible, buscó un lugar resguardado del viento.

—Adelante.

Hacía demasiado frío afuera y no quería resfriarse.

***

Cuando llevaron a Dafne al hospital, apenas le quedaba aliento. Ni siquiera hubo tiempo de llamar a una ambulancia; Joaquín la llevó en su carro. Durante el trayecto, Dafne no paraba de gritar que llamaría a la policía. Joaquín no dijo una palabra. Al llegar, un médico, al ver su estado, alertó a las autoridades. Cuando llegó la policía, Dafne insistió en que la habían golpeado. Al mencionar que había sido en la residencia de los Tamez, los oficiales intercambiaron miradas incómodas, pasándose la responsabilidad el uno al otro, una vacilación que a Dafne le dolía más que los golpes.

Cuando llegó su esposo, Eugenio, llamó a Luna para pedir explicaciones. Luna afirmó no saber nada; estaba en casa, pero no se había dado cuenta de lo sucedido y ofreció las grabaciones de seguridad si era necesario.

¿Se atrevería Eugenio a pedirlas?

No. Aunque él y Osvaldo fueran hermanos, hijos de los mismos padres, la posición de Osvaldo estaba a años luz de la suya. Todos sabían que mientras el abuelo viviera, mantendrían una fachada de cordialidad. Pero una vez que él faltara, no quedaría ni rastro de hermandad.

Eugenio entendía las acciones de Dafne. Con el abuelo en sus noventa, quién sabe cuánto tiempo le quedaba. La segunda rama de la familia tenía que aprovechar el tiempo que le quedaba al patriarca para fortalecer su posición.

Capítulo 848 1

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