Entrar Via

Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina romance Capítulo 933

—¿Necesitas que te espere? —preguntó Edgar.

Rubén negó con la cabeza repetidamente, como para que no quedara lugar a dudas.

—No, no, para nada. Beatriz es la prioridad en todo momento.

***

A la una y media de la tarde, Beatriz fue llevada al quirófano.

Con Edgar presente, la necesidad de la firma de un familiar directo pasó a segundo plano. Incluso el director del hospital salió a esperar con ellos frente a la sala de operaciones.

La abuela caminaba de un lado a otro por el pasillo, con las manos juntas, mirando de vez en cuando al cielo y murmurando algo. Quien se acercara lo suficiente, podría oírla pronunciar el nombre de su hija, Dana Barrales, pidiéndole que, desde donde estuviera, bendijera a Beatriz para que tuviera un parto sin complicaciones.

Una madre rogándole a su hija fallecida que protegiera a su propia hija.

En ese momento, Edgar, un hombre forjado en la disciplina militar, al escuchar a su madre suplicarle a su difunta hermana que cuidara de Beatriz, sintió como si un peso inmenso le aplastara la espalda, doblándole la cintura hasta impedirle enderezarse. Se cubrió el rostro, pero no pudo evitar que las lágrimas se deslizaran por el rabillo de sus ojos.

***

A las dos y cuarto, una enfermera salió con el bebé en brazos y toda la familia se precipitó hacia ella al instante.

—Felicidades, señor Barrales, es una niña —dijo la enfermera, mostrándoles al bebé.

Luego, desenvolvió con cuidado la mantita para que pudieran comprobar que la pequeña estaba perfectamente sana.

—Qué bien, qué bien —asintió Edgar repetidamente—. ¿Y la madre cómo está?

—La están suturando. En media hora podrán llevarla a su habitación.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina