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Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina romance Capítulo 947

—¡Mientras Beatriz no termine la cuarentena, si alguien se atreve a traer esta porquería a la casa otra vez, aténgase a las consecuencias!

—¡Entendido, entendido! ¡Ahora mismo nos vamos, ahora mismo!

Los tres recogieron sus cosas a toda prisa y se retiraron a sus respectivas habitaciones. Antes de irse, no olvidaron abrir las ventanas para ventilar.

El mal humor de Beatriz era tan fugaz como intenso.

Se sentía agraviada, pero también era sensata. Para alguien que amaba la comida con sabores fuertes, haber comido platillos saludables durante cuarenta días era como el fin del mundo.

Afortunadamente, la revisión posparto de los 42 días mostró que todo estaba en orden.

El señor Tamez se tranquilizó y, poco a poco, le fue devolviendo su libertad.

Sin embargo, el posparto era el posparto.

Aunque Beatriz anhelaba disfrutar de su libertad, su cuerpo no se lo permitía.

Las secuelas del parto se manifestaban al caminar o estar de pie por mucho tiempo. No se sentía ni de lejos como esas mujeres en internet que, apenas terminada la cuarentena, parecían capaces de correr un maratón.

Al contrario, sentía una debilidad general, como si le faltara energía.

Esta situación no mejoró hasta que la pequeña estuvo cerca de cumplir los tres meses.

***

El señor Tamez estaba encantado con su hija, y siendo la primera, quería celebrar.

El mes de nacida coincidió con el fallecimiento del abuelo, por lo que no pudieron festejar. Pero al acercarse los tres meses, la idea de una celebración comenzó a tomar forma.

Contrató a una empresa de planificación de eventos para que decorara la Villa de la Montaña Esmeralda, les dio un plan detallado e invitó a sus amigos más cercanos y a algunos de los empresarios que lo habían acompañado en su trayectoria.

Incluso Mohamed y los demás viajaron desde Maristela para la ocasión.

El día del bautizo, la figura de Beatriz ya casi había vuelto a la normalidad, aunque todavía le quedaban unos kilos por perder. Llevaba un vestido que realzaba sus curvas, lo que provocó que Serena exclamara:

—Te ves como de la realeza.

Beatriz se sonrojó de la vergüenza y se cubrió sutilmente el pecho.

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