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Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina romance Capítulo 958

Los niños son expertos en leer las caras de los adultos. Al ver que su papá la miraba con cara de fuchi, la niña se mordió el dedo, lo pensó unos segundos y soltó el llanto a todo pulmón...

Rubén: [............]

Por la noche, el Sr. Tamez habló muy seriamente con Beatriz.

—Se acerca el fin de año, es probable que mis viajes de negocios aumenten.

Beatriz, que estaba sentada frente al tocador poniéndose sus cremas, detuvo sus movimientos y lo miró a través del espejo: —Entonces yo también voy.

¡Nadie se iba a escapar!

En una pareja de mediana edad, el miedo es que el otro huya.

Si él huía, ¿quién iba a sufrir la tortura? ¿Ella sola?

El Sr. Tamez preguntó: —Si tú tampoco estás en casa, ¿qué hacemos con la hija?

—¡Están las niñeras!

—¡Hay tanta gente cuidándola a ella sola!

—¿Tú serías capaz? ¿Te quedarías tranquilo? —preguntó el Sr. Tamez.

Beatriz guardó silencio un momento antes de decir la verdad: —No me quedaría tranquila, pero últimamente de verdad me tiene un poco harta.

El Sr. Tamez cerró los ojos del coraje, y después de un rato, dijo entre dientes: —¡Yo también!

La pareja se quedó en silencio, en la habitación solo flotaba el suave aroma a camelias de las cremas de Beatriz.

Después de un rato, el Sr. Tamez preguntó con cierto temor oculto: —¿Crees que en el futuro sea igual de rebelde que Vanesa?

Beatriz no se atrevió a contestar.

Tal vez...

Quizás...

Quién sabe...

En resumen, por ahora parecía que sí, ¡era astuta como un demonio!

—¿Y si lo es?

Rubén: [...........] ¡No quiero ni pensarlo!

¡Pesadilla!

¡Sería una completa pesadilla!

Cuando la niña llegó a los once meses y, tambaleándose, lograba pararse apoyándose en las cosas, la cosa se puso peor.

Quería caminar, pero tenía miedo.

Solo caminaba si su papá la sostenía.

Si la sostenía otro, sentía inseguridad.

El Sr. Tamez, aunque muy a regañadientes, tuvo que admitir que esto era parte esencial del crecimiento de la niña.

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