De regreso en la villa de Residencia Olimpo, Micaela acostó a Leo, quien finalmente se había quedado dormido.
Se sentó al borde de la cama, sintiendo un escalofrío recorrerle la espalda.
El incidente de esa noche la dejó con los nervios destrozados.
Ese niño lo era todo para ella.
No quería ni imaginar cómo sobreviviría si le pasara algo malo.
Con ese pensamiento rondándole la mente, salió al balcón y llamó a su amiga, Rocío Tovar.
—Rocío, necesito que me consigas un guardaespaldas.
—Tiene que ser excelente en defensa personal, de carácter firme y discreto. Alguien de pocas palabras, pero sobre todo, que sepa guardar secretos a la perfección.
Si iba a buscar a alguien, debía ser un verdadero profesional.
Rocío se sorprendió por la repentina petición y exigió saber el motivo.
Micaela le resumió rápidamente la pesadilla que acababa de vivir.
La furia de Rocío estalló al otro lado de la línea. Llenó de insultos a Santiago y a Viviana, llamándolos escoria que nunca dejaban de causar problemas.
También maldijo a la caprichosa sobrina de Viviana, que demostraba no tener ningún tipo de educación.
Finalmente, su tono se suavizó por la preocupación, sabiendo lo asustada que debía estar su amiga.
—Tranquila, te conseguiré al mejor. Mañana mismo te tengo noticias.
Al colgar, Micaela regresó a la habitación y miró a su bebé, que descansaba plácidamente.
Ya tenía los papeles del divorcio y la separación de bienes en sus manos. Todos sus planes de escape estaban listos.
Mientras se perdía en sus pensamientos, escuchó el sonido de la cerradura. Al segundo siguiente, se abrió la puerta.
Micaela giró la cabeza y se encontró frente a frente con Santiago.
Llevaba una camisa a rayas y sostenía su saco sobre el brazo. Su postura era recta y su presencia imponente y sofisticada.
Había dejado atrás la impulsividad de su juventud, transformándose en un hombre maduro e indescifrable.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Casada con el tío de mi ex: La nueva Sra. Romero