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Cazando al Infiel: ¡Lárgate, Traidor! romance Capítulo 490

—¿Y qué importa que no esté contenta? —dijo Lázaro en tono desafiante—. Mi abuelo es su esposo y el dueño de esta familia. No puede adueñarse de lo que no le pertenece. Ya le hemos dado bastante ventaja con esperar cincuenta años para volver.

Darío empezó a temblar de la rabia.

—¡Qué insolencia! Gabriel, la educación que le has dado a tu nieto deja mucho que desear. ¡No se parece en nada a Salomón!

—Tú, viejo…

Antes de que Lázaro pudiera terminar, Darío lo interrumpió con impaciencia.

—Ya que tienes la mano herida, vete al hospital de una vez. ¡Deja de armar escándalo aquí, no vaya a ser que te cueste la vida!

Lázaro estaba furioso.

Gabriel miró a Salomón, y su vista se posó en sus piernas lisiadas.

—La familia Escalante tiene una regla ancestral: una persona con una discapacidad física no puede ser el cabeza de familia. Salomón está lisiado, así que no puede heredar el Grupo Escalante. De ahora en adelante, el puesto de presidente del Grupo Escalante será para Lázaro.

Al oír esto, Lázaro sonrió emocionado.

—¡Gracias, abuelo! Te prometo que no te decepcionaré.

Ante las palabras de Gabriel, Petrona se echó a reír.

—La familia Escalante también tiene una regla ancestral: se da prioridad al heredero legítimo y primogénito, y se desprecia a los hijos bastardos. Un bastardo de origen dudoso que pretende robar la fortuna de la familia Escalante y, además, ser el presidente del Grupo Escalante… me parece que está soñando despierto.

Gabriel se acercó a Petrona y le dijo con severidad:

—Esta es la familia Escalante y yo soy Gabriel. Todo esto era mío desde el principio. ¿Cómo es que después de cincuenta años en tus manos ahora es tuyo? He vuelto, y en la familia Escalante mando yo. Si sigues hablando de más, te echaré de la familia.

Al oír esto, Blanca se interpuso para proteger a Petrona.

—¿Cómo se atreve a decir eso alguien que hace cincuenta años abandonó sus responsabilidades para fugarse con una cualquiera? ¿Quiere echar a mi suegra? ¿Se atreve a entrar y decírselo a los antepasados de la familia Escalante en su cara? ¿No teme que las tablillas de los ancestros se caigan del susto por su culpa?

—¡Mi nuera! ¿Te atreves a apuntarle con una pistola? —exclamó Petrona, furiosa—. ¡Si te atreves a hacerle el más mínimo daño, te juro que te mato!

—Le ha faltado el respeto a su suegro. ¿Acaso debería tolerarlo en lugar de darle una lección?

—¡Guardias! ¡Echen a estos dos de aquí! —ordenó Salomón, furioso.

Solo él sabía el pánico que había sentido en ese momento. Las dos personas más importantes para él estaban bajo la amenaza de un arma.

Incluso había dejado de respirar por miedo a que la pistola se disparara por accidente.

En ese momento, los guardias se acercaron.

—¡Petrona, este es el magnífico nieto que has criado! —dijo Gabriel, señalándola—. Un simple lisiado que se atreve a echar a su propio abuelo. ¿No tienes miedo de que reciba un castigo divino y muera joven, igual que su padre?

¡Petrona se quedó paralizada del horror!

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