Entrar Via

Cazando al Infiel: ¡Lárgate, Traidor! romance Capítulo 6

Renata estaba furiosa. Durante años, Melibea había preparado puntualmente las tres comidas del día. Pero hoy, al levantarse, descubrió que no había desayuno. ¡Melibea se atrevía a dormir más que ella! De verdad se creía una señora rica.

Una empleada dijo temblando: —Señora, Melibea salió muy temprano esta mañana. Yo preparé el desayuno, por favor, cómalo usted.

—¿Que lo coma yo? ¿Acaso crees que me conformo con cualquier cosa? ¡Llama a Melibea y que vuelva ahora mismo!

En ese momento, Renán entró corriendo y protestando: —¿A dónde se fue mi mamá? ¿Dónde está mi violín? ¡Hoy tengo una presentación en el kínder!

La empleada, angustiada, respondió: —Joven amo, le hemos mostrado varios violines, pero dice que ninguno es. De verdad no sabemos cuál busca.

—¡El violín que quiero es un Pollastri! Los que me trajeron son un San Visto, un Canon y un Muse.

Los empleados estaban desesperados. ¿Cómo iban a distinguir un Pollastri de los demás?

—¡Montón de inútiles, llamen a mi mamá para que regrese ya!

En ese momento, Brando también salió con el rostro serio. —¿Todavía no encuentran mis mancuernillas de diamantes? Tengo que irme a la empresa.

—Joven amo, sus mancuernillas siempre las ha manejado la señora Melibea. De verdad no encontramos las que busca.

Los empleados estaban al borde de un ataque. Le habían mostrado muchísimas mancuernillas, pero ninguna era la correcta. Si la señora Melibea no volvía pronto, no sabían qué harían.

En ese instante, cada miembro de la familia Ortega estaba estresado y la casa era un completo caos.

Asilo de los Robles.

Melibea estaba en el asilo, tomándole el pulso a los ancianos como parte de su revisión de rutina.

Evaristo extendió la mano con timidez, como un niño entregando un examen.

Antonio, a su lado, se burlaba: —A saber quién se queda hasta tarde jugando ajedrez en línea. Ya te dije que por más que practiques, nunca me vas a ganar.

—¡Ya cállate, Toni!

—Abuelo Evaristo, su condición ha mejorado mucho. Sin embargo, su energía vital está desequilibrada por el agotamiento, y eso afecta su circulación. Creo que es por no dormir bien. Le recetaré algunas hierbas. Necesita descansar.

Antonio se veía triunfante, mientras que Evaristo prometió que esta vez sí obedecería.

Melibea escribía la receta con concentración. Tenía un aire elegante y una caligrafía hermosa. En una sociedad tan ajetreada como la actual, era como una flor de loto, no solo talentosa, sino con un encanto clásico, como una heredera de una antigua familia noble. Todos los abuelos y abuelas del asilo la querían mucho.

—Abuelo Evaristo, aquí tiene su receta. Y para todos los demás, por favor, cuiden mucho su salud. Me temo que esta será la última vez que venga al asilo.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cazando al Infiel: ¡Lárgate, Traidor!