Renata estaba furiosa. Durante años, Melibea había preparado puntualmente las tres comidas del día. Pero hoy, al levantarse, descubrió que no había desayuno. ¡Melibea se atrevía a dormir más que ella! De verdad se creía una señora rica.
Una empleada dijo temblando: —Señora, Melibea salió muy temprano esta mañana. Yo preparé el desayuno, por favor, cómalo usted.
—¿Que lo coma yo? ¿Acaso crees que me conformo con cualquier cosa? ¡Llama a Melibea y que vuelva ahora mismo!
En ese momento, Renán entró corriendo y protestando: —¿A dónde se fue mi mamá? ¿Dónde está mi violín? ¡Hoy tengo una presentación en el kínder!
La empleada, angustiada, respondió: —Joven amo, le hemos mostrado varios violines, pero dice que ninguno es. De verdad no sabemos cuál busca.
—¡El violín que quiero es un Pollastri! Los que me trajeron son un San Visto, un Canon y un Muse.
Los empleados estaban desesperados. ¿Cómo iban a distinguir un Pollastri de los demás?
—¡Montón de inútiles, llamen a mi mamá para que regrese ya!
En ese momento, Brando también salió con el rostro serio. —¿Todavía no encuentran mis mancuernillas de diamantes? Tengo que irme a la empresa.
—Joven amo, sus mancuernillas siempre las ha manejado la señora Melibea. De verdad no encontramos las que busca.
Los empleados estaban al borde de un ataque. Le habían mostrado muchísimas mancuernillas, pero ninguna era la correcta. Si la señora Melibea no volvía pronto, no sabían qué harían.
En ese instante, cada miembro de la familia Ortega estaba estresado y la casa era un completo caos.
…
Asilo de los Robles.
Melibea estaba en el asilo, tomándole el pulso a los ancianos como parte de su revisión de rutina.

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