Justo cuando Melibea se daba la vuelta para ir a la cocina, Brando la detuvo de repente, tomándola de la mano.
—Olvídalo, no vayas. No es como si no hubiera personal de servicio en casa.
Brando miró hacia otro lado y dijo:
—Viviana, ve a prepararle algo de cenar a la señora Claudia.
Viviana, la empleada, se quedó perpleja por un momento antes de asentir. Estaba perdida. Claudia era extremadamente quisquillosa con la comida; incluso Melibea, que cocinaba para ella a diario, recibía quejas y críticas constantes. Ahora, su suerte estaba echada.
Tras dar la orden, Brando tomó la mano de Melibea y se la llevó, dejando a Claudia rechinando los dientes de rabia.
—Esta noche surgieron algunos imprevistos y no pude comer el pastel de aniversario contigo, ¿estás enojada?
Brando era tan tierno que por un momento la hizo dudar si la escena que había presenciado no era más que una ilusión.
—Vi el pastel en el bote de la basura.
Melibea levantó la vista hacia él. Brando le tomó el rostro entre las manos y, con una mirada intensa, le dijo:
—Fue mi culpa. Por muy ocupado que estuviera, debí haberme quedado para soplar las velas y comer pastel contigo. Después de todo, era nuestro quinto aniversario. De ahora en adelante, nuestros aniversarios serán solo para nosotros dos, sin nadie ni nada más que nos interrumpa.
Qué conmovedor. Casi le creyó.
Melibea curvó ligeramente los labios y, con un tono suave pero firme, dijo:
—Brando, divorciémonos.
El rostro de Brando cambió al instante. Con una expresión fría e irritada, respondió:
—Melibea, ¿qué tonterías estás diciendo? ¿Solo porque no comí pastel contigo?
—Brando, solo soy un ama de casa, no te merezco. Divorciémonos. Yo me quedaré con el niño.
De repente, los largos dedos de Brando se cerraron alrededor del esbelto y blanco cuello de Melibea. Con los ojos inyectados en sangre, le siseó:
—Melibea, ¿crees que soy un objeto del que te puedes deshacer? ¡Te lo advierto, el divorcio es imposible! Si vuelves a mencionar esas palabras, mandaré a nuestro hijo al extranjero y no lo volverás a ver en tu vida.
Melibea sonrió con resignación. Sabía que reaccionaría así.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cazando al Infiel: ¡Lárgate, Traidor!