La respuesta de Lorena fue gloriosa.
La señora Ortiz nunca la había tratado bien.
Cecilia incluso sospechaba que Ivana sabía desde hace tiempo que ella no era su hija biológica.
—¡Tú! —Los ojos de Ivana se enrojecieron de coraje.
Jamás se había topado con alguien que le faltara al respeto de esa manera, y menos una vieja de rancho como Lorena.
Cecilia pensó: *No, sí te has topado con alguien así.*
La madre de Arturo, la suegra de Ivana, tampoco tragaba a su nuera.
—Cecilia, ¿tú también crees que no merezco ser tu madre?
Ivana dirigió su ataque hacia Cecilia.
Cecilia no se amedrentó: —¿Cree usted, señora Ortiz, que yo merezco ser su hija?
¡Por supuesto que no!
Ivana se quedó sin palabras ante el formal "señora Ortiz" de Cecilia.
Aunque no lo dijo en voz alta, Lorena lo notó.
—Los que llegan son visitas. Thiago, invita a los señores a sentarse afuera para que observen la ceremonia.
Lorena no tenía ganas de discutir con Ivana.
Thiago, con cortesía forzada, dijo: —Señora Ortiz, por favor, pasen por acá.
En el patio exterior de la capilla ya estaban puestas las mesas y sillas.
Ivana seguía furiosa y quería irse, pero Delfina la detuvo.
—Mamá, quedémonos un rato, por favor.
Ivana no podía negarle nada a su hija, así que se sentó aguantándose el coraje. Héctor, que ya se había sentado, mantenía la mirada fija en Cecilia dentro de la capilla.
Al regresar a un lugar así, ella no estaba llorando ni se le veía incómoda.
Dentro de la capilla, Lorena escribió con su propia mano el nombre de Cecilia en el Registro Familiar y anunció ante todos: —A partir de hoy, Cecilia es la Sucesora de la familia Ortiz.
—Su palabra será mi palabra. La respetarán como a mí.
—¡Viva la nueva Patrona!,
gritaron todos.
Los presentes aplaudieron con respeto y se quitaron el sombrero ante Cecilia.
Cecilia estaba impactada. ¡Esto era el legado de un gran clan!
—¡Buen provecho!
Solo tras la orden de Lorena, comenzaron a comer.
Pero en medio del banquete, ocurrió un incidente.
—Ghh... ghh
Un niño se agarraba la garganta con los ojos en blanco.
La mujer a su lado gritó: —¡Alex! ¿Qué te pasa?
Empezó a golpear la espalda del niño con desesperación, sin saber qué hacer.
—¡Se está ahogando! ¡Creo que se le atoró un pedazo de carne!
Ivana echó un vistazo y comentó con desdén: —¿Cuántos siglos llevan sin comer carne para que se pongan así?
Cecilia la escuchó, le lanzó una mirada gélida y se levantó de inmediato: —¡Déjenme ver!
Al mismo tiempo, Delfina corrió hacia allí: —Alex, Alex, ¿estás bien?
—Hermano, rápido, llevemos al niño al hospital en el carro.
—Se está quedando sin aire.

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