¡Vaya con Noé! ¿De verdad creía que podía aspirar a tanto?
¡Ni siquiera se daba cuenta de la facha que traía!
Enzo quiso darle su merecido en cuanto llegó.
Valentín le lanzó una mirada y él contuvo su enojo.
Ahora Noé sentía mucho coraje, pero no se atrevía a decir ni una palabra.
La verdad es que le intimidaban bastante los tres Ortega.
Valentín y Damián eran, al menos, sus primos mayores, pero con Enzo la cosa era distinta.
Enzo no tenía un lazo de sangre directo con Noé, así que mucho menos iba a tolerarlo.
De niños, Enzo le había puesto su buena arrastrada a Noé en varias ocasiones.
Lo peor era que, con la presencia de los tres Ortega en la cena de esa noche, la cuenta seguro superaría los cien mil pesos.
En cuanto llegó Enzo, pidió que trajeran el alcohol.
Y no pidió botellas nada baratas.
Durante esa cena de parrillada, los primos Ortega comieron bastante felices; el único amargado era Noé.
¡Una sola comida le había costado varios meses de sueldo!
Aunque a Noé no le faltaba el dinero, cien mil pesos no era cualquier cosa.
Esa era la lección que los tres Ortega le estaban dando, y Noé no se atrevió a negarse a pagar.
Estaba inconforme, pero no dijo ni pío.
Terminando de comer, los Ortega se llevaron a las dos chicas. Noé no pudo cruzar ni una sola palabra con ellas.
Hasta sus intentos de coquetear en la mesa fueron bloqueados por los Ortega.
—Ceci, perdón. No me imaginé que Noé vendría a molestarte —dijo Valentín.
Él de verdad no esperaba que Noé tuviera tanto descaro.
Cecilia no era como Aurora. Aurora era una prima de otra rama familiar, por lo que tal vez el abuelo no le tomaba tanta importancia.
Pero Ceci era su prima.
Si el abuelo se enteraba de que Noé andaba tras Ceci, seguramente hasta se desquitaría con la madre de él.
Noé era un holgazán, no tenía un trabajo estable y era un bueno para nada.
¿Cómo iba a ser digno de Ceci?

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