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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1035

Cecilia frunció el ceño con disgusto:

—No vine a participar en la fiesta de cumpleaños de Sabrina.

Hizo el ademán de darse la vuelta, pero la detuvieron al instante.

—¿Eres tú?

—Cecilia, ¿todavía te atreves a asomarte por aquí?

El tono de voz se le hizo terriblemente familiar.

Cecilia volvió la mirada y supo que, a pesar de los imprevistos, los achichincles de siempre harían su aparición de un momento a otro.

Y allí estaba Jorge, el mismo tipejo que seguía los pasos de Sabrina por todo el comedor de la universidad.

Cuando Cecilia se atrevió a declinar la invitación oficial de Sabrina, fue precisamente él quien armó el escándalo en voz alta, poniendo en ridículo a la organizadora frente a todos.

El rostro que Sabrina había puesto en esa ocasión daba cuenta de su terrible incomodidad.

Aun así, Jorge terminó autoconvenciéndose de que fue Cecilia la agresora, la que molestó a Sabrina y provocó su disgusto.

Un sujeto incapaz de leer las sutilezas sociales y expresiones en las mujeres como él, inevitablemente sería catalogado como un simple segundón.

—En serio, Cecilia, mejor retírate de una vez; Sabrina va a molestarse en cuanto se entere que andas aquí —le secundó Regina, tomando confianza ante el respaldo.

Jorge ennegreció el rostro al escuchar que la chica mencionaba el nombre de su musa.

—¡Oye, tú! Sácala en este mismo instante. Ni siquiera está en la lista del cumpleaños. ¿Por qué le abriste la puerta? —le gritó al camarero.

El empleado del local se encontraba entre la espada y la pared.

¿De verdad esta joven tan bonita había venido en plan de colada sin una invitación oficial?

—Señorita, ¿sería tan amable de enseñarnos su tarjeta de invitación primero? —solicitó el hombre con timidez.

A Cecilia ya le daba demasiada pereza malgastar energía rebatiéndoles algo a Regina y a Jorge.

En cuanto a la petición del empleado, apenas iba a contestarle cuando otra presencia se hizo notar.

—¡Cecilia!

Era Julia, quien caminaba aferrada del brazo de su hermano Luis.

Junto a los dos se encontraban Wendy y el chico que iba como su pareja.

El acompañante, Jim, era un estudiante extranjero de intercambio, al igual que Luis.

—Señorita Ortiz —pronunció Luis con su habitual aplomo, logrando verse más centrado que Julia.

Con una suave sonrisa, el muchacho le dio un amigable saludo.

—¿Y cómo es que llegaste tú sola? ¿Dónde dejaste a Agustín?

Capítulo 1035 1

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