Cecilia miró a Aurora.
—Aurora, ¿de verdad Davis tiene tanto tiempo libre en su último año de prepa?
¿Cómo es que tiene tiempo para pasarse toda la noche horneando pasteles? ¿No le dicen nada?
—Tiene buenas calificaciones —fue la única explicación que Aurora pudo darle.
Quién sabe de dónde sacaba su hermano el tiempo para esas cosas.
Así eran los de buenas calificaciones, les sobraba el tiempo para todo.
Las notas de Davis no eran las más sobresalientes, pero entrar a una buena universidad no sería ningún problema para él.
Solo que, últimamente, al muchacho le había dado por llevarle la contra a su mamá, así que horneaba postres más seguido.
—Davis cambió una parte de la mesa de postres de hoy por los que él hizo —le susurró Aurora a Cecilia.
—¡No manches! —Cecilia no pudo aguantar la risa—. Entonces, ¿los postres se pueden comer o no?
Si por accidente alguien escogía uno hecho por Davis, ¿no sería un desastre?
—Supongo que sí, pero no escojas los que se ven demasiado perfectos. —Aurora ya tenía experiencia en el tema.
No había de otra, había caído en las bromas de Davis demasiadas veces.
Mientras las dos seguían platicando en voz baja, alguien soltó un grito de sorpresa.
Cecilia y Aurora voltearon al mismo tiempo y, en efecto, vieron a una muchacha sosteniendo un pastelito.
Probablemente era una empleada de la empresa.
—¿Qué pasa? —le preguntó alguien.
La muchacha dudó unos tres segundos antes de señalar el postre:
—Nada, es solo que este pastelito está riquísimo.
El que preguntó la miró con desconfianza.
—¿A ver, lo pruebo?
Fue a agarrar uno igualito y le dio una mordida:
—Órale, la verdad sí está muy bueno. No está tan dulce, tiene un sabor fresco.
Al compañero no le gustaban mucho los dulces, así que de verdad le pareció que tenía buen sabor.
—¿Eh? ¿A poco te gustan las cosas tan ácidas? —se extrañó la compañera, pues era el mismo tipo de pastel.
¿Por qué el suyo estaba tan ácido que le cerraba la garganta, mientras que el chavo se lo comía con tanto gusto?
—Pues, pasa. Además, tampoco es que esté tan ácido...


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