Muy bien, la primera visita a este restaurante fue un fracaso.
Empezaba a dudar de los gustos de su secretario y la novia de este.
—¿Qué te parece? —le preguntó Agustín a Cecilia.
Cecilia probó un par de platillos.
—Los postres no están mal, pero la comida no le llega ni a los talones a la de tu chef.
Seguramente la mayoría de esas cinco estrellas de calificación se las había dado la novia del secretario.
Los postres eran la debilidad de la mayoría de los clientes, y Cecilia no era la excepción.
—No volveremos a venir —sentenció Agustín, visiblemente decepcionado.
La verdad era que el sabor dejaba mucho que desear.
Para alguien común, tal vez sería una delicia.
Pero para quienes estaban acostumbrados a la buena comida, simplemente no daba el ancho.
—No pongas esa cara de fuchi, tómalo como una experiencia nueva. Además, el escenario de música en vivo es bastante original, y los cantantes son muy guapos —Cecilia seguía consolando a Agustín.
Al escucharla, Agustín empezó a sospechar que a su secretario lo que le había gustado era el escenario.
A su parecer, la comida del lugar merecía un tres de calificación, más un punto por la decoración y la música en vivo, sumaba apenas un cuatro.
Y no se equivocaba, al secretario y a su novia les había encantado la música.
A ambos les pareció que el ambiente era muy romántico.
¿Quién iba a saber que al señor Sandoval no le gustaría?
Después de comer, Agustín y Cecilia salieron a dar una vuelta antes de dirigirse a la casa de la familia Merino.
Llegaron a la residencia Merino a las tres de la tarde.
A esa hora ya no se trataba de si habían comido o no.
Aun así, Youssef mandó a prepararles una botana.
Ronan también estaba en casa, esperándolos.
Flora también se encontraba ahí.
Ella se había quedado en casa solo porque escuchó a su abuelo decir que Agustín traería a alguien para que lo revisara.
De lo contrario, ya habría regresado al laboratorio.
—Flora, sírveles algo de tomar a las visitas. —El anciano le dio la orden a su nieta.


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