Mientras comían, se pusieron a charlar. Cecilia aprovechó para tomarle el pulso a Charlotte y hacer algunos ajustes a su tratamiento.
—¿Tomaste algo muy frío antes de que te bajara? —preguntó Cecilia, quien con solo tomarle el pulso ya sabía por dónde iba el problema.
Charlotte sintió que la habían atrapado en la mentira.
—Me comí un helado... —confesó, recordando su salida con Sabrina Hernández.
—Tu cuerpo apenas se está regulando y sigues tomando hierbas. Deberías evitar por completo cosas heladas como esa. Es más, te sugiero que te acostumbres a tomar infusiones o un té en lugar de bebidas frías.
—Entendido, de ahora en adelante seré más estricta con mi dieta —prometió Charlotte, arrepentida. Sabía lo mal que había estado su salud y no quería echar por la borda todo el progreso que había logrado.
—Te haré una sesión de acupuntura en un rato, y con eso estarás bien. Puedes buscarme para revisión después de la reunión familiar de Fin de Año.
Para Cecilia, el estado de salud de Charlotte ya había mejorado bastante y no requería cuidados tan intensivos.
—¿Te quedarás en Viento Claro para Navidad? —preguntó Charlotte con preocupación, al darse cuenta de que tendría que esperar hasta el año nuevo. Sin un médico para su profesor y sin poder acercarse al doctor Hernández, su única esperanza era convencer a Cecilia. Su profesor la presionaba constantemente, pero llevar a Cecilia a Estrellonia parecía una misión imposible.
—No, voy a regresar a mi pueblo —negó Cecilia. Tras terminar su arroz con mariscos, comenzó a picar la fruta, aparentemente concentrada en la comida, pero sin perder detalle de las reacciones de Charlotte.
Al ver la decepción en el rostro de la chica extranjera, Cecilia adivinó el motivo. Charlotte le había insistido mil veces que fuera a Estrellonia a curar a su profesor, pero, ¿por qué no mejor traían al enfermo a Mirasia?
—¿Regresas a tu pueblo? ¿Y cuándo vuelves a Viento Claro? Por cierto, ¿de dónde eres? —preguntó Charlotte en un tono urgente, dándose cuenta luego de que sonaba demasiado invasiva—. Perdona, no lo digo con mala intención. Es solo que, como eres tan buena doctora, me gustaría saber dónde encontrarte por si me pongo muy mal durante las fiestas.
—Cecilia, ¿de verdad no considerarías ir a Estrellonia? Te pagaremos todos los viáticos, los vuelos, y además te daremos el triple de tu tarifa habitual. ¡Por favor, piénsalo!
Cecilia mantuvo su negativa. Sin importar qué tan jugosa fuera la oferta, no iba a ceder.
—Si tu profesor está tan empeñado en probar la medicina natural, puede venir a Mirasia. Aunque te aclaro que tampoco le garantizo curarlo. No tiene por qué aferrarse a mí como su única opción.
Era una forma sutil de rechazar el caso por completo.
Charlotte dejó escapar un largo suspiro.
—Mi profesor no quiere pisar esta tierra porque le trae recuerdos dolorosos. Pero bueno, intentaré convencerlo. Si lograra que acepte venir a Mirasia, ¿podríamos ir a buscarte a Villa Solana? —preguntó, como si estuviera cediendo terreno en la negociación.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cecilia: De rechazada a soberana