Santiago pensó que Ramón pondría a prueba las habilidades de Cecilia, pero no esperaba que pusiera esa condición.
—Cecilia ya cumplió dieciocho, ¿verdad? A tu edad, si tienes una recomendación, puedes presentar el examen. No sé cuánto tiempo necesites para prepararte. El paciente con cáncer de huesos está en una etapa avanzada; si la preparación toma mucho tiempo, me temo que no podrá esperar.
Por el tono de Ramón, Cecilia se dio cuenta de que él estaba convencido de que era imposible que ella sacara la licencia médica en poco tiempo.
—Si busco a alguien que me recomiende ahora para el examen, el tiempo podría ser un poco justo —admitió Cecilia.
A su lado, Paola intervino:
—Yo puedo ayudar a organizar eso, conseguir una recomendación no es problema. Y no es necesario tener el título en mano para empezar a participar en la investigación, basta con haber hecho el examen; el título llegará rápido.
—Paola tiene razón, basta con aprobar.
El tiempo para recibir el documento físico era más flexible.
—Eso es demasiado enredado y nos haría perder tiempo a los dos —Cecilia rechazó la amabilidad de la Dra. Gutiérrez.
La mirada de Ramón hacia Cecilia se llenó de sospecha:
—¿No será que Cecilia tiene miedo de no aprobar? Si es así...
—No, quiero decir que no hace falta tanta molestia —interrumpió Cecilia.
Ramón puso cara seria:
—Aun así, debes tener la licencia médica, de lo contrario, si alguien te denuncia por practicar sin licencia, todos nos veremos implicados.
—Tiene usted razón —asintió Cecilia—. Por eso, ya la obtuve hace tiempo.
—Me alegra que lo sepas, debes... Espera, ¿qué acabas de decir? —Ramón reaccionó, pensando que había escuchado mal.
—La licencia médica.



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