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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 13

—Si tan solo Cecilia hubiera estado ahí en ese entonces...

Don Pablo se secó las lágrimas mientras hablaba.

—Don Pablo, en esa época Cecilia ni siquiera había nacido —le recordó Thiago.

—Sí, sí, es verdad, ya estoy desvariando.

Don Pablo suspiró y añadió:

—Pero ahora todo está bien. Los niños del pueblo ya no tendrán que temer atragantarse.

Desde aquella tragedia, a los niños de su familia no se les daban huevos cocidos. Si querían huevo, tenía que ser revuelto o en torta. Como dicen por ahí: «El que se quema con leche, hasta al jocoque le sopla».

Cecilia, mientras servía sopa a Lorena, comentó:

—Al rato que les enseñe la maniobra, pongan mucha atención para que no tengan que preocuparse más.

Don Pablo asintió con vigor:

—Claro que pondremos atención. El que no aprenda bien, es porque de plano es un burro.

Aunque la matriarca de la familia era doña Lorena Ortiz, Pablo también era un anciano muy respetado en el pueblo. ¿Quién se atrevería a ignorar sus palabras? Además, Cecilia iba a enseñarles gratis; todos estaban más que agradecidos.

Tal vez porque Cecilia salvó a un niño nada más llegar, la gente aceptó muy bien a esta joven heredera. Durante la comida, se turnaban para acercarse a la mesa principal y brindar.

Cecilia, por supuesto, no bebía alcohol. Brindaba con jugo, chocando su vaso con cada persona que se acercaba. Thiago se encargó de presentarle a todos en lugar de la señora Lorena, y ella hacía lo posible por recordar sus nombres.

El ambiente era festivo, excepto para Ivana, Héctor y Delfina. Los tres parecían completamente fuera de lugar en aquella celebración de reencuentro.

Ivana, al ver la escena, sentía una profunda injusticia por su hija. Delfina había vivido allí dieciocho años, pero los lugareños la ignoraban y solo brindaban con Cecilia. ¡Claramente estaban excluyendo a Delfi!

Ivana azotó el tazón en la mesa, con intenciones de agarrar a su hija e irse. Pero la señora Lorena, que había escuchado el golpe, dejó su copa en la mesa con una calma gélida.

Su sola presencia, sin necesidad de alzar la voz, impuso una autoridad que cortó la respiración de Ivana.

Capítulo 13 1

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