Pero Ivana no se rindió.
Intentó de nuevo con una estrategia suave: —Ceci, eres tan inteligente, siempre sacas el primer lugar, salvo esas raras ocasiones en que no.
—Alguien como tú, incluso sin el pase directo del campamento de invierno, podría entrar a la mejor universidad.
—Tómalo como un favor que te pide esta señora... no presiones tanto a Delfina.
—¿Sí?
Cecilia respondió: —Se equivoca.
¿Mande? ¿En qué se equivocaba?
Ivana miró a Cecilia sin comprender.
—Esas “raras ocasiones” en las que no fui la primera... no es que no pudiera, fue porque quise.
En ese entonces, Cecilia quería ver si a los padres de la familia Ortiz solo les importaban sus calificaciones.
¡Y resultó que esa pareja era exactamente ese tipo de personas!
Después de eso, dejó de esperar nada de sus padres.
—Tú... realmente eres una niña muy lista. —Tan lista que daba miedo.
Ivana empezó a sentir un temor real hacia Cecilia.
—Sí, gracias por el cumplido. —Cecilia vio la frialdad en los ojos de Ivana.
Pero no tenía miedo en lo absoluto.
Alguien como Ivana ya no podía asustarla.
Ya no era la niña pequeña que lloraba cuando Ivana la amenazaba.
—Si eres tan lista, puedes entrar a cualquier universidad. ¿Por qué tienes que hacerle más difícil el camino a mi Delfina? —preguntó Ivana en voz baja, más como si hablara consigo misma.
Cecilia sintió que Ivana estaba delirando: —Señora Ortiz, según su lógica, entonces tampoco debería presentar el examen de admisión a la universidad. Si saco el puntaje más alto, ¿no le estaría cerrando el camino aún más?
Ivana pensó: «Si estuvieras dispuesta a no presentarlo, sería excelente».
—Vea lo lista que soy. Haga lo que haga, procuro hacerlo bien. ¿Eso significa que los demás ya no tienen derecho ni a intentarlo?
—Ya que le caigo tan mal, mejor máteme y se ahorra tantos corajes.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cecilia: De rechazada a soberana