—Ceci tiene cierto talento para las matemáticas, y esta vez clasificó en primer lugar.
El socio, cuyo hijo era un mal estudiante, comentó:
—... Entonces la señorita Ortiz es realmente impresionante.
¡Iba a llegar a casa a preguntarle a su tonto hijo si había oído hablar de esa tal Olimpiada de Matemáticas!
—Tampoco es para tanto. Está en tercer año de prepa; de hecho, nosotros como padres preferiríamos que se lo tomara con más calma.
—A la familia no le falta dinero, podría estudiar cualquier cosa que quisiera.
—Pero esta niña es terca...
Raúl era un experto en el arte de presumir con falsa humildad.
El socio apretó los dientes; lo peor era que no podía hacer nada contra ese tipo. ¿Quién les mandaba a ellos presumir en años anteriores frente a Raúl de sus vidas perfectas con esposa e hijos?
Cada socio que veía a Raúl le aconsejaba que se casara pronto y le preguntaban si no le daba envidia ver a los hijos de otros. Ahora resulta que el tipo tenía una sobrina y no paraba de presumirla.
De esta sobrina no habían oído hablar antes. En el Grupo Dorado, no solo el dueño se mantenía en las sombras, sino que la heredera también había estado muy bien escondida.
Pero, ¿qué significaba que Raúl sacara a la heredera a pasear y presumir? ¿De verdad era su sobrina de sangre? Si el Grupo Dorado iba a dedicarse a formar a la heredera, ¿qué pasaría con Raúl en el futuro?
Cuando Cecilia fue al baño, el socio aprovechó para preguntarle a Raúl:
—Oye, tu sobrina es tan capaz... ¿no te da miedo que cuando crezca tú te quedes sin lugar aquí?
Raúl le lanzó una mirada a su socio.
El hombre, llamado Carlos, levantó las manos:
—No es por meter cizaña, de verdad te lo digo por tu bien. Mira lo excelente que es a tan corta edad.
Carlos, al verlo quejarse tanto, tuvo que reprimir las ganas de golpearlo. «¿A esto le llamas lo más pesado y cansado?».
Recordó cuando quiso hacerse cargo del negocio de su padre; eso fue una matanza entre hermanos. Aunque la mayoría eran hijos ilegítimos, para que Carlos tomara el control del negocio familiar, tuvo que salir victorioso de un mar de sangre. Puñaladas por la espalda de los hermanos legítimos, y los ilegítimos usando trucos infinitos.
Él tuvo suerte de sentarse en esa silla, y aun así debía tener cuidado todo el tiempo de que no lo bajaran. No como Raúl, que prácticamente se había quedado con el puesto porque nadie más lo quería.
—¿Dices que tienes un hermano que prefiere sembrar en el pueblo antes que dirigir el Grupo Dorado?
Carlos sentía que estaba escuchando un cuento de hadas. ¿Quién sería tan estúpido?
—¿Crees que dirigir el grupo es fácil? La carga es pesada, la responsabilidad es grande.
—En el campo, en nuestro pueblo, la vida es muy tranquila.
Raúl decía eso, pero en realidad, si lo mandaran a casa a cultivar la tierra, no soportaría la tranquilidad del campo. Ese tipo de vida estaba bien para unas vacaciones ocasionales, pero quedarse ahí rascándose la panza para siempre... no, él no estaba hecho para eso. Como había dicho su tía, él había nacido para los negocios.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cecilia: De rechazada a soberana