—¿A qué te refieres?
—Aparte de la familia de Abril, ¿hay alguien más tirándote lodo en internet?
Sandra no era tonta; rápidamente pensó en una persona.
—¿No será Delfina?
Cecilia no respondió, pero Sandra ya lo daba por hecho.
—¡Seguro es Delfina! Sabía que no se iba a quedar quieta.
—Antes hizo que dijeran públicamente que eras una usurpadora y que le habías robado su vida, ¿y ahora quiere incitar a sus compañeros y a los futuros alumnos de la universidad para que te aíslen?
—Ya no sé si Abril malinfluenció a Delfina o si Delfina ya venía fallada de fábrica.
Cecilia sonrió sin darle importancia:
—No importa, ¿no confirman ellas perfectamente el dicho: "Dios los cría y ellos se juntan"?
Mientras platicaba con Sandra, tecleaba rápidamente en su computadora.
Sandra seguía refunfuñando al otro lado de la línea, pero al poco rato dijo:
—¡Ceci, acabo de ver que alguien expuso a la persona que estaba pescando en río revuelto!
—¡Resulta que la señora Ortiz contrató bots para atacarte!
—¿Cómo puede ser así?
—Aunque ya no seas su hija, ella te crió. ¿Qué gana pagando para que te difamen?
—De verdad se pasó de la raya.
—Pero bueno, ahora los comentarios se le voltearon y la están tupiendo a ella.
—¡Te los voy a leer!
Sandra miraba las opiniones sobre Ivana en internet y leía con indignación.
«¡Híjole! La madre adoptiva de Cecilia es de lo peor. Con tal de apoyar a la hija biológica, quiere pisotear a la adoptiva».
«Si la madre adoptiva paga bots para desprestigiar a la otra, ¿tanto miedo tiene de que la adoptada supere a su hija de sangre?».
«Dicen que la biológica no da el ancho; no solo sus calificaciones son peores, sino que tampoco es tan bonita como la adoptiva».


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