Santiago le hizo una seña con la mano:
—Ve, tú también debes estar cansada. Es muy tarde, no debimos retenerte discutiendo tanto tiempo.
Él asumió que era la familia de Cecilia llamando preocupada porque la jovencita aún no regresaba a casa.
Cecilia sabía que era Héctor, así que al contestar su tono fue indiferente:
—¿Bueno?
Al escuchar la voz de Cecilia, Héctor apretó el celular con fuerza:
—Cecilia, ¿sabes a dónde fue Delfi?
Cecilia soltó una risa incrédula:
—Héctor, ¿tienes algún problema mental? ¿Cómo voy a saber a dónde fue Delfina?
—Estamos en vacaciones, no en la escuela.
—Ya lo sé, pero ella dijo que iba a buscarte —Héctor frunció el ceño, molesto por la actitud actual de Cecilia.
—¿Y si dijo que venía a buscarme, significa que ya está aquí?
—¿Qué te pasa? ¿Ya intentaste marcarle? —Cecilia estaba atónita ante la estupidez.
—Dejó el celular en casa cuando salió —respondió Héctor.
—Si no trae celular, ¿crees que puede contactarme y encontrarme? —A Cecilia ya le daba pereza hablar con él.
—Si no hay nada más, voy a colgar. Si de verdad no la encuentras, te sugiero que llames a la policía.
El consejo de Cecilia era sincero, pero a los oídos de Héctor le sonó bastante cruel.
—Cecilia, Delfi fue a buscarte, ¿no te preocupa ni un poco su seguridad?
Cecilia soltó una risa fría:
—Delfina y yo ni siquiera nos llevamos bien. Además, se la pasa inventando chismes y tirándome odio en internet. ¿Por qué debería preocuparme por ella?
—Ella... —Héctor no podía aceptarlo.
Quiso decirle que Delfina era su hermana, ¿acaso Cecilia no sentía ningún afecto?
Pero se tragó las palabras justo a tiempo.
Preguntarle eso a Cecilia sería humillarse solo. Delfi era hermana de él, no de Cecilia.

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