—¿Ya pagó todo lo que nos debe por la crianza de estos años?
Héctor, que acababa de llegar a casa con Delfina, escuchó a sus padres discutiendo. En cuanto oyó eso, supo que hablaban de Cecilia.
—¿Y cómo quiere que le pague? —preguntó él, impaciente—. ¿Quiere pasarle la factura de todos los gastos de estos años?
Al ser confrontada por su hijo, el humor de Ivana empeoró.
—¿Crees que a esta casa le falta dinero?
—¡Lo que me da coraje es la injusticia! ¡Mira la vida que llevó Delfi en el campo y mira la vida que se dio esa muchacha aquí en nuestra casa!
—Eso no es culpa suya. —Héctor miró fijamente a su madre—. Ella ya lo dijo: si quieren buscar culpables, busquen a quien intercambió a las bebés hace años.
La expresión de Ivana cambió ligeramente al darse cuenta de lo que insinuaba su hijo.
Lo que no vio fue que la expresión de Arturo también cambió.
—Ya basta, discutir esto ahora no tiene sentido —intervino Arturo—. Creo que Ceci tiene razón. Van a dar una disculpa pública, haremos una conferencia de prensa y ahí se acaba este asunto.
—¡Y de ahora en adelante, no quiero que nadie vuelva a molestarla!
Arturo miró intencionadamente a Delfina: —Delfi, lo que de verdad importa es que te concentres en tus estudios.
—Entendido, papá. —Delfina sabía que la advertencia iba para ella; bajó la cabeza y los ojos se le llenaron de lágrimas.
En cuanto Arturo se fue, Ivana notó que su hija estaba llorando.
—Delfi, no llores. Tu papá no te odia, solo quiere que te superes y seas mejor cada día.
Ivana la consoló y luego preguntó: —¿Dónde estuviste anoche? ¡Tu hermano salió a buscarte y no te encontró por ningún lado!

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