A ella no le gustaba pasar la noche en vela, sabía que le hacía daño al cuerpo.
Vicente también lo notó; aquella cirugía había consumido demasiada energía de Cecilia.
—Ceci, ven a descansar un momento.
Vicente fue a sostenerla, y Cecilia no se hizo del rogar.
Se apoyó en Vicente y susurró:
—Director Zavala, ¿esto cuenta como mérito, verdad?
El director Zavala sonrió:
—Así es, tu desempeño fue impecable.
Al haber entrado en el radar de los altos mandos, Cecilia ahora contaría con un respaldo importante.
El director Zavala pensó para sus adentros que, por fin, había cumplido la misión que Rodrigo le había encomendado.
Él no tenía la capacidad de cuidar a esta muchacha por sí solo.
Pero conseguirle un buen respaldo, eso sí podía hacerlo.
La familia Carrasco era un peso pesado, una institución en sí misma.
Cecilia había salvado a Fabián; pasara lo que pasara, eso atraería la atención y gratitud de los Carrasco.
En el futuro, si alguien quería intimidarla, no lo tendría tan fácil.
Incluso sin la familia Ortiz, ella podría seguir haciendo su voluntad.
—Recuerda, de ahora en adelante, si alguien quiere verte, compórtate con naturalidad y seguridad. No hagas berrinche, pero tampoco...
Vicente le aconsejaba en voz baja.
Cecilia hizo un gesto con la mano:
—Entendido, no se preocupe, don Vicente.
Ella entendía perfectamente la situación y sabía por qué don Vicente había insistido tanto en que viniera.
Aunque era cierto que ella podía detener la hemorragia, por otro lado, él quería darle una oportunidad.
Probablemente le preocupaba que, sin los Ortiz, nadie la protegiera.
—El avión volará directo a Viento Claro. Es probable que necesiten que te quedes un par de días más, así que esto podría retrasar tu regreso para pasar las fiestas con la abuela.
Vicente tampoco estaba feliz con que ocurrieran este tipo de cosas.
Pero dadas las circunstancias, nadie estaba dispuesto a dejar ir a Cecilia a casa.
Tenía que acompañarlos; si la situación de Fabián se complicaba, Cecilia debía estar ahí para ayudar a buscar una solución.

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