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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 387

—Mamá, me voy a esforzar mucho.

Delfina no se resignaba.

Pero su madre no podía hacer mucho más, lo que dejaba a Delfina con una frustración atorada en el pecho que no tenía por dónde salir.

—Con que lo tengas claro me basta —Ivana suspiró aliviada.

Llorar en pleno día festivo era algo que se consideraba de muy mal agüero en familias como la suya.

La gente de negocios solía ser muy supersticiosa con esos temas.

—Ya no llores, no es bueno que tu papá te vea así.

—Voy a llamar a la señora Gallegos para invitarla a ir de compras. Así aprovechamos para que tú y Ramiro se junten un rato.

La señora Gallegos era Blanca, la madre de Ramiro.

—¿No será mucha molestia para Ramiro y su familia?

Delfina siempre aparentaba pensar en los demás.

En realidad, tenía ganas de ir a ver a su madrina.

En estas fechas festivas, su madrina siempre estaba sola, y ella quería ir a hacerle compañía un día.

Por desgracia, no se atrevía a mencionárselo a Ivana.

Su madrina tenía razón: su mamá acababa de recuperarla, y si se enteraba de que ella consideraba a otra mujer como madre, seguramente no le haría ninguna gracia.

Tenía que cultivar más el vínculo madre e hija con Ivana.

No podía darle a Cecilia ninguna oportunidad de aprovecharse.

—¿Qué molestia va a ser?

Ivana le dio unas palmaditas a su hija:

—Piénsalo, son prometidos, él debería dedicarte más tiempo por iniciativa propia.

—Como no crecieron juntos, es muy importante que cultiven el cariño.

—Escuché que hay un festival de luces cerca del río por las fiestas, vayan a dar una vuelta por la noche.

—Tontita, si Ramiro no te invita, invítalo tú.

—No seas tímida.

—En el amor, si la montaña no viene a mí, yo voy a la montaña.

—Claro, tampoco te digo que te le arrastres todo el tiempo, hay que saber medir el terreno.

—Ivana, ¿qué pasa?

—Blanca, hace mucho que no vamos de compras juntas. ¿Qué te parece si vamos hoy y luego nos hacemos un facial para relajarnos un poco?

Blanca se tocó el rostro; ciertamente, había estado tan ocupada con las fiestas que no había tenido tiempo de cuidarse la piel.

Ella era dos años mayor que Ivana, así que debía cuidarse el doble.

Había escuchado que, en las bodas de los últimos años, la gente empezaba a comparar quién se veía más joven y con más clase, si la suegra o la consuegra.

¡Ella no podía perder contra Ivana!

—Me parece bien, ¿a qué hora nos vemos?

—¿Quieres comer en casa o prefieres que comamos fuera? —preguntó Ivana viendo que ya era mediodía.

—Mejor comamos fuera. Conozco un buen lugar, tienen platos vegetarianos muy ricos.

—Hemos comido demasiada carne estos días, ¿qué te parece algo ligero? —sugirió Blanca.

Ivana aceptó de inmediato y acordaron el lugar de encuentro.

—Perfecto, me llevaré a Delfi. Esa niña no conoce a mucha gente de nuestro círculo y no sabe ni salir a divertirse.

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