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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 400

Si la familia Ortiz lleva la batuta, naturalmente ganarán más dinero.

—¿Es por La Belle Cuisine? —Ivana comprendió la ambición de Arturo.

Efectivamente, era algo que él sería capaz de hacer.

¡Pero no había necesidad de sacrificar la felicidad de su hijo!

—Es una solución donde todos ganan, ¿cómo puedes decir que es solo por La Belle Cuisine?

Arturo puso cara de santurrón.

—De cualquier forma, no estoy de acuerdo.

Ivana fue tajante, pero al ver que Arturo se molestaba, añadió:

—Arturo, no pienses solo en nuestros planes.

—Piensa en Ceci. Con ese carácter que tiene, ¿crees que aceptará estar con Héctor?

Siguiendo la lógica de Ivana, Arturo pensó en Cecilia.

Antes solo había considerado que su hijo estuviera de acuerdo para que el asunto funcionara.

No había considerado la opinión de Cecilia.

Para él, que Cecilia regresara a la familia Ortiz era lo mejor para ambas partes.

¿Cómo podría ella no estar de acuerdo?

Si se negaba, sería una malagradecida que no sabía lo que le convenía.

—¿Por qué no iba a estar de acuerdo? Al casarse y volver a la familia Ortiz, no tendría que preocuparse por nada.

Inconscientemente, Arturo sentía que esto era un favor para Cecilia.

Aunque él estuviera detrás de La Belle Cuisine, seguía pensando que permitir que su hijo se casara con la chica que criaron como hija era una ventaja para ella.

A pesar de tener La Belle Cuisine en sus manos, eso no cambiaba su origen humilde.

En el futuro, la familia política de su hijo no tendría poder para ayudarlo; todo dependería de él mismo, y esa era la desventaja.

Ese era el sacrificio que la familia Ortiz estaba haciendo por Cecilia.

No solo quería que Cecilia aceptara, sino que esperaba que ella recordara profundamente la bondad de la familia Ortiz.

Si Cecilia supiera lo que pensaba Arturo, probablemente lo mandaría al diablo.

¡Qué clase de estupidez era esa!

—Ella y Delfi no se soportan, y ahora tiene problemas conmigo. ¿Cómo va a casarse con Héctor?

Ivana era mucho más realista.

—Antonio, gracias —dijo Perla con voz suave.

—No es nada, Perla. ¿Cómo está su pie?

Perla suspiró:

—Todavía me duele. Pero, muchacho, ¿desde que saliste de la escuela ya no quieres llamarme maestra?

Ni siquiera Arturo imaginaba que Antonio había sido alumno de Perla en el pasado.

Ella no solo fue su maestra, sino que también financió sus estudios.

Cuando Antonio se graduó de la universidad y se sentía perdido, fue Perla quien lo recomendó al Grupo Ortiz.

Antonio no la defraudó y consiguió el puesto de asistente del presidente.

—Llamarla maestra ahora me hace sentir que la hago ver vieja.

En la sonrisa de Antonio había un rastro de timidez.

Si no fuera por Perla en aquel entonces, él ni siquiera habría podido ir a la preparatoria.

Antonio sentía una inmensa gratitud hacia Perla.

La Maestra Lucero tenía un lugar especial en su corazón.

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