—Mi tía siempre se ve muy sonriente, pero cuando no hay nadie más, es muy fría con nosotros los niños —recordó Josefina sobre su infancia.
Cecilia sonrió:
—Eso es porque no nos quiere de corazón.
Los niños son más sensibles a esos cambios de humor.
—Con razón —dijo Josefina, y luego le pareció extraño—. Que no le caigamos bien mi hermano y yo es normal, por miedo a que nos quedemos con la herencia, pero en ese entonces ella supuestamente creía que tú sí eras hija de Arturoa. ¿Tampoco te quería a ti?
Recordó que, desde que eran niñas, su tía siempre había sido más estricta con Cecilia, ni de lejos tan cariñosa como lo era ahora con ella y Delfina.
—Quizás la sangre llama, y de alguna manera lo sentía.
—Nunca fuimos cercanas.
Cecilia no podía decirle que sospechaba que Ivana sabía desde el principio que no era su hija biológica.
—Escuché a Delfina decir que la abuela Lorena tampoco es cariñosa con ella. Tal vez sí sea por la sangre.
Josefina no le dio más vueltas al asunto.
Cecilia se frotó las sienes:
—Tengo un poco de sueño, voy a dormir un rato. Quédate jugando en la sala.
Josefina hizo un gesto de «OK» con la mano y le envió mensajes a escondidas a su amiga Morgana.
[Te cuento que ya fui por ella. Mi ídola me grabó un video de felicitación, deseando que entre a una buena universidad.]
[Definitivamente no puedo defraudar sus expectativas, así que de ahora en adelante me voy a poner las pilas.]
Lo único que le importaba a Morgana era si Cecilia aceptaba verlas:
[¿Y qué dijo? ¿Nuestra ídola está bien?]
[Está bien, no quedó desfigurada. También aceptó ir a comer con nosotras llegado el momento.]
Josefina recordó el carácter de Cecilia y añadió:
[Pero ella es de las que parecen frías por fuera aunque sean buena onda. A lo mejor no es muy efusiva contigo, para que no te lo tomes a mal.]
[Entendido.] Morgana, por supuesto, no se lo tomaría a mal.
Aunque Cecilia fuera un poco fría, seguía siendo la heroína que salvó a su ídolo; su admiración no tenía límites.
Cecilia durmió hasta las seis de la tarde. Se levantó, se arregló un poco y recibió la llamada de Héctor.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cecilia: De rechazada a soberana