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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 455

—Be... bebí un poco... —Delfina arrastraba las palabras.

Definitivamente no había sido solo un poco.

Ramiro se dirigió apresuradamente al bar y, de paso, le contestó el mensaje a Héctor. Al saber que Delfina estaba en un bar, Héctor también se preocupó, pero al enterarse de que Ramiro ya iba por ella, suspiró aliviado.

—¿Qué pasó exactamente? ¿Por qué Delfi se fue a un bar de la nada? ¿Le hicieron algo?

Héctor guardó silencio un momento.

—Cecilia consiguió el pase directo. Delfi solo nos vio a Cecilia y a mí hablando.

Al escuchar que tenía que ver con Cecilia, a Ramiro no le pareció extraño. Que Delfina se sintiera inferior frente a Cecilia era algo común; no era de sorprender. No solo las chicas, cualquier hombre sentiría presión frente a Cecilia.

—Voy a sacarla del bar. ¿Vienes tú por ella o qué hacemos?

—Temo que ahora no quiera verme. ¿Podrías cuidarla tú esta noche? —Héctor temía que su presencia alterara más a Delfina. En ese momento, probablemente ella no quería verlo, al menos hasta que se calmara.

—¿No confías demasiado en mí? —Ramiro se quedó sin palabras. Delfina estaba borracha y Héctor le pedía que la cuidara. ¿No le preocupaba que le hiciera algo? ¡Eran prometidos!

—Confío en ti. Además, tú y Delfi se van a casar; no debería haber problema con que la cuides una noche.

Ramiro no tuvo argumentos ante eso. Antes, Héctor jamás lo hubiera llamado «cuñado» tan fácilmente, y siempre vigilaba que no se acercara a Cecilia. Pero ahora que se trataba de Delfina, resultaba que Héctor era muy liberal.

Tal vez Héctor notó que sonaba demasiado despreocupado, así que suavizó su tono:

—Es solo que me preocupa que si la llevas a casa, mi mamá se va a angustiar. Cuídala esta noche; Delfi es una chica sensata, mañana estará bien. Llévala a mi departamento frente al Instituto Internacional Horizonte. Ella se está quedando ahí ahora.

Héctor, temiendo que Ramiro pensara mal de Delfina, la justificó:

—Solo se está presionando a sí misma. En realidad, la familia no le exige nada.

Para Héctor, era normal que Delfina no pudiera compararse con Cecilia, dado que acababa de llegar del campo. Esa diferencia no se borraba de la noche a la mañana; eran dieciocho años de distancia. Al presionarse tanto, Delfina solo se lastimaba a sí misma. En cambio, Cecilia seguía con su vida como si nada, sin verse afectada.

—Esa tenacidad suya es adorable —comentó Ramiro. Esa flor blanca, terca y esforzada, era justo lo que a él le gustaba.

Por el contrario, Cecilia era tan perfecta en todo que intimidaba. Aunque Cecilia era un par de años menor que él, Ramiro no sentía ninguna superioridad frente a ella. Pero pronto recordó la sugerencia de su padre.

La Belle Cuisine... ¿cómo terminó en manos de Cecilia?

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