—Ceci, no hemos hecho nada malo contra ti. Aunque nos guardes rencor por haberte descuidado de niña, tu abuela siempre te trató muy bien.
—No creo que vayas a pagar con eso después de todo lo que se hizo por ti, ¿verdad?
Si Ivana llegaba al extremo de usar frases así, era porque realmente tenía pánico de que ella y Héctor tuvieran una relación.
—Señora, no sé de qué habla. Independientemente de lo que haya entre nosotros, le aseguro que no tengo ningún interés romántico en Héctor.
—Lo que él haga o sienta no es asunto mío. Mejor contrólelo usted. Yo ando en friega con la escuela y no tengo tiempo para distraerme por un hombre.
—Así que el problema que a usted le preocupa, simplemente no existe.
Al ver que Cecilia hablaba con tanta firmeza, Ivana comprendió que Delfi tenía razón: a Cecilia no le interesaba su hijo en lo absoluto.
Crecieron juntos y Cecilia veía a Héctor como un hermano. ¿Pero y Héctor?
Se enojaba nada más de pensarlo.
Sabía que Arturo había considerado la idea porque Cecilia tenía las escrituras de "La Belle Cuisine".
Pero ella no creía que casarla con Héctor fuera la mejor solución.
—Antes se dijo que ibas a presentar el examen de admisión a la universidad, así que tu pase directo ya no te sirve. Mira a ver si se lo puedes ceder a Delfi.
Ivana cambió de tema rápidamente. Su visita era para tantear el terreno con Cecilia.
Mientras Cecilia no tuviera intenciones, los planes de Héctor no servirían de nada.
Después de tantos años, sabía perfectamente que su hijo no podía controlar a esa hija adoptiva.
—¿Por qué tendría que dárselo?
—¿Acaso ella puede aprobar para obtener el pase?
Cecilia miró a Ivana con seriedad.
El rostro de Ivana se oscureció un poco: —Si tú necesitaras ese pase, jamás te pediría que se lo dieras a Delfi.
—El problema es que tú no lo necesitas y a Delfi le vendría muy bien. ¿Por qué no se lo puedes dar?
—Estuviste dieciocho años en la familia Ortiz...

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