Entrar Via

Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 47

—¡Gracias, abuelo Ezequiel! —dijo Cecilia con dulzura.

Aunque no era la prometida del nieto, disfrutó del trato de nieta consentida.

—Escuché al Agustín decir que su reumatismo es muy severo. Yo sé preparar medicinas; primero le checo el pulso, ¿le parece?

Después de aceptar el regalo, Cecilia no olvidó a qué había ido.

Ezequiel Sandoval había escuchado a su nieto decir por teléfono que Rodrigo había fallecido y que Cecilia era su pequeña aprendiz.

—Claro que sí —Ezequiel se acomodó en el asiento y extendió la mano.

Cecilia le tomó el pulso a Don Sandoval.

Por la postura de la chica, se notaba que realmente sabía de Medicina Mirasiana.

Cecilia tomaba el pulso con una calma absoluta, que contrastaba con su rostro juvenil.

Después, se agachó para revisar las piernas de Don Sandoval.

Tenía las rodillas hinchadas y rojas; el cartílago estaba dañado. Si seguía caminando y generando fricción, en menos de tres años podría quedar paralítico.

Al terminar, dijo con seriedad:

—Trae las piernas muy mal, señor.

»Seguramente recibe tratamiento regular, pero los ataques constantes han hecho que el efecto disminuya.

Don Sandoval asintió:

—Así es. He visto a muchos médicos, pero solo logran aliviarme, no curarme.

—Con solo el licor medicinal, ciertamente puede aliviar el dolor, pero no ataca la raíz del problema —señaló Cecilia directamente.

—¿Y cómo se ataca la raíz?

Don Sandoval quería saber la respuesta con desesperación.

—Cuando el Dr. Serrano vivía, intentamos un método de vaporizaciones con hierbas y acupuntura, además de su licor medicinal. Eso tuvo un efecto excelente en la artritis reumatoide.

Cecilia no decepcionó a Don Sandoval.

Realmente tenía una solución.

—¿Sabes hacer acupuntura? —preguntó Don Sandoval mirándola con esperanza.

—Aprendí con mis maestros, sé algo —Cecilia no solo había aprendido con el Dr. Serrano, sus estudios eran variados.

Sus maestros siempre le enseñaron a ser humilde y no fanfarronear.

Don Sandoval no sabía cómo interpretar ese «sé algo».

Don Sandoval suspiró:

—La Medicina Tradicional es, sin duda, nuestro orgullo nacional. Es increíble.

—Deje que ella le aplique las agujas y verá por qué es un orgullo nacional —sonrió el Director Zavala.

Don Sandoval se animó:

—Bueno, ¿por qué no lo intentamos?

Apenas terminó de hablar, Rafael no pudo evitar intervenir:

—Patrón, ¿no sería mejor que yo lo probara primero?

—¿Tú qué vas a probar? ¡Si tú no tienes reumatismo!

Don Sandoval miró de reojo a Lorena.

No le preocupaba que Cecilia fuera joven, pero Lorena era otra cosa.

¡La señora Lorena era de armas tomar en sus tiempos!

Si despreciaban a su nieta, cuidado, porque no se tentaría el corazón para ponerlos en su lugar.

—Que lo pruebe Rafael está bien.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cecilia: De rechazada a soberana