Rodeada de tantos guardaespaldas, si algo le sucedía en el hospital, quién sabe si Valentín podría traer a Cecilia de regreso sana y salva.
¡Las jovencitas de hoy en día son tan impulsivas! ¡Qué dolor de cabeza!
—Yo la acompaño, tú quédate a cuidar a los estudiantes —dijo Agustín, apareciendo de repente, lo que dejó a Cecilia y a Valentín algo confundidos.
—¿Qué haces aquí?
Cecilia miró al recién llegado con sorpresa.
La expresión de Valentín no era precisamente de alegría:
—Sí, ¿qué haces aquí?
Agustín explicó con total calma:
—Vine de viaje de negocios y pasé a verlos.
No esperaba que, justo al llegar al hotel donde se hospedaban Cecilia y los demás, escuchara que alguien había sufrido un infarto.
Al enterarse de que la afectada era la hija de la familia Adams y que Cecilia estaba involucrada, se preocupó de que algo pudiera pasarle.
Aunque ellos confiaban en las habilidades médicas de Cecilia, en el extranjero la cosa era distinta.
La familia Sandoval tenía negocios con la familia Adams, así que, estando él presente, al menos podría proteger a Cecilia.
Valentín, por supuesto, no se creyó el cuento de Agustín.
Sentía que las intenciones de este futuro cuñado no eran del todo puras.
¿Acaso el señor Sandoval, conocido por no interesarse en mujeres, realmente le había echado el ojo a su Ceci?
Aunque Ceci era hermosa y talentosa, todavía era muy joven.
Este Agustín... ¿no le daba miedo que lo llamaran asaltacunas?
—Iré con ustedes —insistió Valentín, que no se fiaba de dejar a Cecilia a solas con Agustín.
Al ver su insistencia, Agustín no se opuso.
Jack ya se había subido a la ambulancia con Julia, y Cecilia también subió para asegurarse de que nadie tocara las agujas indebidamente.
El otro médico no paraba de hacer llamadas, probablemente informando que alguien le había dado medicamentos de Mirasia a la paciente y usado técnicas de allá, lavándose las manos por si acaso.
Agustín y Valentín siguieron a la ambulancia en un vehículo.

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