—Solo queremos que Delfi esté tranquila, que no se la pase fijándose en Ceci ni comparándose con ella.
Ivana todavía se sentía indignada.
—La actitud de Delfi no es la mejor. Si tuviera el pase directo asegurado, podría calmarse y estudiar sin tanta presión; sería bueno para ella.
—Y sobre si la Universidad de Viento Claro acepta o no esa transferencia del cupo al final, en realidad no importa tanto.
—Las calificaciones de Delfi antes no eran malas. Si tan solo ajustara su mentalidad, debería ser capaz de entrar a una universidad importante.
—Si logra entrar, ¿no estaríamos todos felices?
Ivana creía tener la razón, pero a Arturo le pareció una ridiculez.
—¿Y por qué crees que Ceci debería darle su pase directo?
Ivana puso cara de que era lo más obvio del mundo.
—Nosotros la criamos, ¿no puede tomarse como un pago por haberla mantenido?
—Además, ella ocupó los recursos educativos que le pertenecían a Delfi. No quiero fastidiarla, solo que le ceda el cupo.
—Ella misma quiere presentar el examen de admisión y, con sus calificaciones, seguro entra a la Universidad de Viento Claro. Solo le estoy pidiendo algo que a ella ni le sirve.
—¿Acaso no puede hacer ni eso?
Arturo suspiró:
—Lo ves demasiado simple. Si Ceci quisiera darle el pase a Delfi de corazón, no habría problema.
—Pero si ustedes se lo exigen, eso es cobrarle el favor de la crianza a la fuerza, y la cosa cambia por completo.
—Ivana, te conozco. Sientes que le debes mucho a Delfi y que Ceci también está en deuda con ella, por eso quieres compensarla, pero a veces hay que saber cómo hacer las cosas.
—Actuando así, solo van a alejar más a Ceci y harán que rompa definitivamente con nosotros.
—Además, después del escándalo que armaron en internet, ¿con qué cara te atreves a pedirle el pase directo?
—Ella no es tonta, sería un milagro si les hiciera caso.
Arturo sentía que, desde que Ivana recuperó a su hija biológica, se había vuelto cada vez más irracional.

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