Perro que ladra no muerde.
Así que a Cecilia nunca le dio miedo Josefina.
Al contrario, dijo sonriendo:
—Claro que sé que no soy hija de la familia Ortiz y que ya no soy la prometida de Ramiro. Pero para eso está Delfina, ¿no?
»Veo que Delfina y Ramiro están destinados a estar juntos, hasta para comer coinciden.
¿Qué?
Josefina miró bruscamente a la otra chica. Aunque solo la había visto una vez, sabía que esa era Delfina, la hija que cambiaron por error en casa de su tío.
—¿Tú qué haces aquí?
Delfina puso cara de inocente:
—¿Eres Josefina? No entiendo qué quieres decir. ¿Por qué no puedo estar aquí?
»Mis papás, mi hermano y yo invitamos a comer al señor Vera.
Instintivamente se escondió detrás de Ivana, como si Josefina la asustara.
Ivana miró con el ceño fruncido a su sobrina arrogante y luego a su hija biológica, a quien le acababan de gritar.
Y también pensó en lo que dijo Cecilia sobre Ramiro.
—Josefina, ¿por qué le gritas a Delfi? Ella come con nosotros, ¿y qué?
»Y Ramiro, ¿qué haces con Josefina?
En algo tenía razón Josefina: si Cecilia ya no era hija de los Ortiz, el compromiso con Ramiro no se podía mantener.
¡Entonces Ramiro debía ser para su Delfi!
Delfi había crecido en el campo y no iba a ser fácil encontrarle un buen marido.
Ivana temía que muchas familias de su nivel despreciaran a Delfi.
Pero con Ramiro era distinto.
¡Ramiro era, por derecho, el prometido de Delfi!
¡Solo había que poner las cosas en su lugar!
¡Tendrían que invitar a cenar a los padres de la familia Gallegos para formalizar el cambio de novia!
—Señora, vine con mis amigos y me topé con Josefina.
Con esa explicación, Ramiro se lavó las manos de cualquier relación con Josefina.
—Ay muchacho, qué barbero eres.
Ramiro sonrió:
—Solo digo la verdad.
—Estos días hemos tenido asuntos familiares, pero otro día invitamos a tus papás a comer.
»Josefina habla feo, pero en algo tiene razón.
Ramiro puso cara de estar escuchando atentamente.
—Ceci y Delfi fueron intercambiadas. Me temo que el compromiso también tendrá que ajustarse.
—Lo platicaré con mis padres al llegar a casa —Ramiro no tomó una decisión ahí mismo.
En este asunto, la familia Ortiz llevaba las de perder.
La familia Gallegos podía darse el lujo de hacerse del rogar.
Además, cambiando de persona, la familia Gallegos salía perdiendo.
Delfina creció en un pueblo; su educación no tenía nada que ver con la de Cecilia.
Ivana sintió que el muchacho no estaba siendo muy directo. ¿Todavía tenía que consultarlo con sus padres?

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