Dicho esto, Ivana abrió la puerta de la oficina y salió.
No esperaba toparse de frente con Antonio nada más abrir.
—Señora… —Antonio tampoco esperaba que Ivana saliera tan de repente. Se hizo a un lado, incómodo, con un plato de fruta en la mano que claramente era para ella.
—¡Quítate! —A Ivana, Antonio también le caía gordo en ese momento.
Ese tipo se la pasaba pegado a Arturo; quién sabe cuántas veces habría visto a Perla y a Arturo juntos. Y qué boca tan cerrada tenía, ni una palabra le había dicho. Seguramente Perla ya lo tenía comprado.
En cuanto Ivana salió, se obligó a calmarse. Apretó su bolso contra el cuerpo; las fotos que llevaba ahí eran lo verdaderamente peligroso. Aún no sabía quién se las había enviado a Arturo. Sospechaba de Perla. Esa mujer era calculadora, incluso se había puesto a cuidar a Delfi. ¿Lo habría hecho a propósito? ¿Cultivar el cariño de Delfi para luego venir a presumírselo en la cara?
Ivana rechinaba los dientes del coraje. Marcó un número y, en cuanto contestaron, dijo sin rodeos:
—Hoy vi nuestras fotos en la oficina de Arturo.
El hombre al otro lado del teléfono cambió de tono:
—¿Qué pasó?

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