—Viejo, ¿cómo está la situación?
La espera en casa había sido una tortura para Ivana.
Su hijo y su esposo habían estado fuera todo el día, y Ivana, escuchando todo tipo de rumores y leyendo las discusiones en los chats de las señoras de sociedad, estaba muy ansiosa.
Si la familia Ortiz caía, su vida de mujer rica llegaría a su fin.
No había sido fácil para la familia Ortiz llegar a donde estaba, pero del árbol caído todos hacen leña.
Antes, Ivana era una figura central entre las esposas de los empresarios; hoy, en cuanto salió la noticia, esas mismas señoras ni siquiera la incluían en sus pláticas.
Al sentir ese cambio, Ivana sintió un nudo en la garganta.
La familia Ortiz todavía no se hundía y esa gente ya empezaba a cambiar de cara.
Qué gente tan miserable.
—No se ve bien. —Arturo negó con la cabeza.
—Varias empresas asociadas están exigiendo sus pagos. Con este problema en el desalojo, no solo se trata de las indemnizaciones, sino que probablemente habrá protestas masivas después.
Eso era lo que preocupaba a Arturo y a Iván.
Si la gente no estaba conforme con el desalojo, habría que renegociar las compensaciones.
La familia Ortiz y la familia Gallegos ya estaban al límite por el costo del terreno.
Si el presupuesto de indemnizaciones se disparaba, tendrían que pedir otro préstamo al banco.
Pero en estas circunstancias, era difícil saber si se los aprobarían.
—¿Y entonces qué hacemos? ¿Qué tal si mañana invito a comer a la esposa de Erik Quintana, el director del banco, para ver si nos pueden soltar otro préstamo? —sugirió Ivana.
—Trataremos de aumentar un poco la compensación para calmar a los vecinos por ahora.
—Lo principal es calmar a los vecinos; si logramos reanudar la obra sin broncas, recuperamos la inversión.
Aunque Ivana no manejaba los negocios, tampoco era una tonta que no supiera nada.
Conocía el flujo de trabajo de su empresa y sabía perfectamente que, si no lograban liberar capital para pagar los préstamos bancarios, la compañía colapsaría.
Si la empresa quebraba, la familia Ortiz se iría a la bancarrota.
¿Cómo no iba a estar preocupada Ivana?

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