—Si alguien se entera, no podré garantizar tu seguridad. Si esa gente peligrosa va tras de ti, tal vez no pueda protegerte. —Justo como no pudo proteger a sus padres en el pasado.
Lorena no quería admitir que ese había sido su mayor fracaso.
—Ceci, debes saber que si te pones en la mira de esos criminales, es muy probable que... ¿Has pensado en las consecuencias?
Cecilia comprendía las dudas y la preocupación de la anciana.
Pero ella tenía sus propios planes:
—Sé que esto podría dejarme expuesta ante ciertas personas. Han pasado más de diez años y no hemos tenido noticias de mis papás, ¿a poco no ha pensado en eso? En realidad, podríamos intentar exponernos un poco. Si logramos atraer a nuestros enemigos, tal vez podamos seguirles el rastro y encontrar respuestas. Abuela, no podemos seguir escondiéndonos. Ya es hora de actuar.
—¿No te da miedo? —Lorena sabía que Cecilia tenía razón.
Pero seguía muy preocupada; después de todo, era su única nieta.
—No hay nada que temer. Si mis papás siguen vivos y saben que estoy en peligro, seguro buscarán la forma de protegerme.
—Y si por desgracia... —Cecilia no quería sonar pesimista para no lastimar a Lorena—, tal vez ya ni siquiera les importemos a esas personas.
—No olvides que tienes el mismo talento que tus padres —respondió Lorena, entendiendo a qué se refería la joven.
Sin embargo, más que en su hijo y su nuera, ahora su prioridad era su nieta.
Al fin y al cabo, ella era la que estaba a su lado, de carne y hueso.
En cuanto a su hijo y a su nuera, era muy difícil saber si aún seguían con vida.
—La verdad es que sí soy buena en matemáticas, pero todavía no he empezado la universidad para destacar. Aparte, ya decidí que voy a estudiar medicina, ¿no? Lo que voy a estudiar no tiene nada que ver con los números. Si de verdad me ponen el ojo encima, será solo porque logre algo impresionante en el campo médico. Por ahora, no creo llamar la atención de esa gente.
Cecilia logró convencer rápidamente a la anciana. Aunque por dentro seguía muerta de miedo, tuvo que admitir que la joven tenía razón.
Si no hacían nada, temía morirse sin volver a saber nada de su hijo y su nuera.
Ese sería el mayor remordimiento de toda su vida.


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