—Cecilia, mi mamá me dijo que cuando entre a la misma universidad que tú, mi papá va a regresar.
Cecilia no tenía idea de qué le había inventado su madre al niño.
Pero solo pudo animarlo y echarle porras.
—Si le echas ganas a la escuela, no tendrás ningún problema para entrar a la misma universidad que yo.
Alex apretó sus puñitos.
—¡Le voy a echar muchas ganas! Mi mamá dice que si logro sacar el primer lugar en el examen de admisión, armará una gran fiesta en el pueblo por tres días seguidos para que todos los vecinos vengan a celebrar con nosotros.
Tres días de fiesta eran demasiado, Cecilia no aguantaría tanto.
Aunque pensándolo bien, si Alex de verdad conseguía el primer puesto en el examen, probablemente su mamá sí se aventaría a festejar por tres días enteros.
El tiempo en el pueblo siempre era corto pero hermoso. A su abuelo le gustaba bastante el paisaje y planeaba quedarse unos días más.
Solo que la noche en la que terminó la fiesta de celebración, Tatiana recibió una llamada: otra de las estrellas que ella representaba había sufrido un accidente mientras grababa en Villa Solana; el arnés se rompió de la nada y se cayó.
Tatiana había ido únicamente para acompañar a su sobrina en la fiesta, pero de pronto se le vino el mundo encima con este contratiempo.
—Espérame, voy para allá de inmediato —dijo Tatiana.
Quien le había marcado era la asistente de Valentina, la actriz que representaba.
Valentina acababa de ganar un premio a mejor actriz y su posición en la industria todavía no era del todo estable.
Era bastante profesional en el set. A menos que fuera una escena de acción sumamente extrema, prefería hacer las acrobacias ella misma y aceptar los retos.
En eso se parecía mucho a Lorenzo.
Alguna vez gente del medio le bromeó a Tatiana diciéndole que todos sus talentos compartían su misma esencia: eran unos adictos al trabajo, dispuestos a dejarse la piel en la filmación.

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