Qué curiosidad que la tía Tatiana de Cecilia fuera representante artística; a pesar de haber cenado juntos en La Belle Cuisine, Fabio seguía sin ubicarla bien.
Cecilia asintió.
Esa noticia era de suma importancia para la tía Tatiana. Si Valentina de verdad se había lesionado la columna, su carrera estaba acabada.
—Me voy a trabajar. Procura descansar un poco —se despidió Fabio.
Los dramas de la farándula no le afectaban directamente a Cecilia, así que Fabio no estaba muy preocupado por ella.
Cecilia se despidió de él con la mano y, una vez que se fue, se acercó a la tía Tatiana para contarle la situación.
La tía Tatiana frunció el ceño.
—¿Cómo es posible que esté tan grave?
—No lo sé con exactitud, pero el doctor Calvo está de turno esta noche; me imagino que ha visto el expediente de Valentina.
La tía Tatiana se quedó callada. Esto pintaba muy mal.
Valentina no era como los demás; venía de una familia bastante disfuncional. Aunque Tatiana los había mantenido a raya obligándolos a quedarse en su rancho, igual recibían su mensualidad por parte de Valentina sin falta.
Sin embargo, solo no hacían escándalo porque la chica generaba buen dinero.
Si se enteraban de que Valentina podría quedar paralítica, sin duda volverían a dar problemas.
Hasta ese momento, no le habían avisado a su familia sobre el accidente. Pero con el internet de hoy en día, era cuestión de tiempo para que se enteraran.
Tatiana no quería ni imaginarse qué tipo de exigencias harían en cuanto pusieran un pie en el hospital. Eran capaces de llevársela de vuelta al rancho con tal de no gastar en el tratamiento. Para luego apoderarse de todas sus propiedades como si nada.
¡Por supuesto que no lo permitiría!
A esa chica le había costado sangre, sudor y lágrimas llegar hasta donde estaba. Si su familia se la llevaba, todo se iría a la basura.
Y justo pasó lo que tanto temía.
Los padres de Valentina la estaban bombardeando con llamadas.
Tatiana simplemente esperó en silencio a que terminara su teatrito.
Y como era de esperarse, el llanto falso no duró mucho.
—¿Ya se murió? ¿Acaso nos lo estás ocultando para quedarte con su dinero? Valentina ganó muchísima plata. Si se murió, toda su herencia nos toca a nosotros, ¿verdad? ¡Ahorita mismo vamos para allá! ¡Nos vamos a llevar el cuerpo de mi hija al rancho para enterrarla!
La mujer no tardó en dejar claras sus intenciones, pero sus palabras daban asco. En lo único que pensaban era en la herencia.
Tatiana soltó una risa fría.
—No está muerta. Ya pronto saldrá del quirófano. Y de su dinero se encargará ella misma, así que ahórrense la molestia. Pero va a necesitar mucho reposo y por ahora no podrá recibirlos. Les aconsejo que no vengan por su cuenta. Miren que si se pierden en la ciudad y terminan secuestrados para venderles los órganos, no será mi problema.
Tatiana trató de asustar a los señores a propósito.
Pero esta vez, los dos ancianos no se acobardaron.
—¿Cuál vender los órganos ni qué nada? Nos vamos en camión. Nuestro hijo viene con nosotros, no nos va a pasar nada.

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